Reseña LIJ: ‘Conexión’ de Neal Shusterman

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Conexión de Neal Shusterman. Editorial Anaya, 2016. Rústica,  472 pp., 17,95 €.

Por José R. Cortés Criado.

 

 

Neal Shusterman da una vuelta de tuerca en este volumen de su tetralogía distópica y a lo largo de las casi quinientas páginas del volumen nos da alguna esperanza de que la sociedad dibujada en sus tres obras anteriores tiene los días contados.

Al comienzo de la historia el autor nos presenta los elementos fundamentales de la trama: adolescentes con un historial de comportamiento delictivo cuya padres se han negado a firmar una orden de desconexión; otros jóvenes que abandonaron su hogar y se han vuelto «salvajes»; los APS, jóvenes menores de dieciocho años en busca y captura porque sobre ellos pesa una orden de desconexión; los aplaudidores, terroristas que han convertido su sangre en explosiva; los chicos de las cigüeñas, bebés abandonados en las puertas de las casas que no desean ser desconectados; los piratas de partes que controlan el mercado negro de desconectables; la gente del albur, que son las tribus nativas de América del Norte que ofrecen asilo a los desconectables ASP; junto a personajes singulares como Camux Agrex, ejemplo modélico de individuo reconectado y programado para ser un perfecto ciudadanos defensor del bien común, más cerca de una máquina que de una persona; Lev Garrity, ex aplaudidor que se enfrenta al sistema; Connor Lassiter, conocido como el ASP de Akron, protagonista indiscutible; Risa Expósito, que recibió una columna vertebral gracias a la Ciudadanía Proactiva, institución benéfica de fines no muy claros…

Neal Shusterman da una vuelta de tuerca en este volumen de su tetralogía distópica y a lo largo de las casi quinientas páginas del volumen nos da alguna esperanza de que la sociedad dibujada en sus tres obras anteriores tiene los días contados.

La lucha sigue siendo la misma que en los libros anteriores, una sociedad que se quiere proteger de los adolescentes díscolos y crea un servicio de desconexión de estos, siempre por el bien común, aunque de trasfondo se manejan otros intereses tanto políticos como económicos.

En esta sociedad desalmada los jóvenes son considerados piezas de recambio para la población estadounidense; ahora no hay que dejar de beber para cuidarse un hígado enfermo, sólo hay que buscar un joven de aspecto sano y compatible, tanto en el servicio de salud oficial como en el mercado negro, porque las diferencias de clase se marcan también en el producto que se adquiere.

Los jóvenes que luchan por recuperar el amor familiar, que añoran su vida anterior y que desean acabar con el abuso de las desconexiones no dudan en jugarse sus vidas por ello.

A lo largo de las páginas se conocerán situaciones extrañas como el ver a personas que tienen partes de otras en sus cuerpos, cara o cerebro. Algunos quieren reconocer a sus amigos o familiares en un rostro o una mano, pero el poseedor de esa pieza no suele tener nada en común con su propietario original.

Además de los jóvenes hay personas mayores que se siente solidarias con ellos, algunas prestando todo tipo de ayuda y otras no aceptando lo que las autoridades hacen, aunque sin oponer resistencia.

También existen cosechadoras que no son más que granjas donde se cuidan y alimentan a adolescentes que servirán como piezas de recambio. Llamativa es una que se construye en un súper avión que vuela sin cesar, mientras cuida y mima a grupos de jóvenes para que sean buenas piezas para reconectar a otros. Desde el aparato se subastan por piezas o enteros los sujetos, cuyas partes son separadas y conservadas de forma aséptica y cuidada, hasta que el avión desciende y cada pieza se embarca en otro aparato volador que la lleva hasta su receptor. En la misma operación toman nuevos adolescentes y reanudan su vuelo para llevar a cabo el proceso en el aire, lejos de atentados como los que sufren otras cosechadoras en tierra, sin contar las que no ofrecen ni siquiera un mínimo de higiene y garantía sanitaria de las partes vendidas.

Nepal Shusterman ofrece un panorama desolador, en el que se reflejan los vicios y males de nuestra sociedad: los poderosos económicamente que controlan la vida política; los políticos que mienten y engañan a los ciudadanos; las familias a las que se le ofrece la desconexión/partición de sus hijos como la mejor solución por el bien de todos; algunas personas que se oponen y, sobre todo, la fuerza de los adolescentes que no quieren ser piezas de recambio.

Es un mundo imaginario donde la vida solo es cómoda para los poderosos, y creo, que no muy lejos de la realidad, aunque sí muy exagerado, porque no es raro leer en la prensa diaria información sobre el tráfico de órganos, la venta de riñones, córneas o trozos de hígado en países en guerra como Siria o en otros donde la pobreza extrema no deja más salida a algunas personas que vender parte de su cuerpo.

Es una buena novela, con un tema duro, cuya trama es similar a la de una novela de aventuras, que hace reflexionar al lector sobre los conflictos generacionales, los enfrentamientos entre jóvenes y adultos, los intereses que defienden algunas corporaciones económicas, siempre tendentes a satisfacer sus intereses propios, sin preocuparles el bienestar general.

Desde su inicio te atrapa la obra y no dejas de leer hasta saber cómo van a acabar las partes enfrentadas. Sobre todo cuando descubres la existencia de Cam, un ser creado por las fuerzas armadas como prototipo de un futuro ejército que obedecerá órdenes sin dudar y será programado con fines belicistas.

Al final hay un canto de esperanza, todo mal se acaba y una nueva vida se inicia a partir de las impresoras en 3D con células madres, invento conocido por las autoridades pero oculto a todos y casi destruido para no entorpecer el fabuloso negocio de las desconexiones.

Buena novela que presenta una sociedad muy poco halagüeña, que ojalá no veamos nunca.

 

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