Ernesto Alterio. Entrevista lescenaridelateuahistoria.com

 

Ernesto Alterio está en plena gira de Las Troyanas, de Carme Portaceli y Alberto Conejero. La última parada la ha protagonizado en Sagunto, una ciudad que ha sido ‘el escenario de su historia’ coincidiendo con la doble representación de la obra clásica incluida en el programa de Sagunt a Escena. El actor asume el único papel masculino del reparto, en el que interpreta al mensajero Taltibio, el encargado de comunicar a las mujeres vencidas en Tebas la suerte que les depararía en manos de los triunfadores del ejército griego.

También se encuentra inmerso en diversos proyectos para cine y para televisión, las otras dos armas profesionales con las que se presenta como actor ante el mundo en una situación complicada, llena de triunfos y de caídas, para los intérpretes españoles. 

P. ¿Qué significa para ti Sagunto como escenario de tu historia profesional o personal?

R. Conocía el lugar, pero no tuve oportunidad de venir antes. Sagunto es un sitio muy mágico, posee una energía muy especial, por la historia que tiene, por estar en contacto con los elementos: el aire, la tierra, etc. Y por acoger obras como éstas en las que esos elementos están muy presentes.

P. ¿Te estás empapando de esa atmósfera que también tienen otros sitios donde estás representando Las Troyanas, como Mérida?

R. La verdad es que sí. El espectáculo nació en Mérida, donde tuvo su bautismo en julio. Estamos inmersos en una gira que llega a espacios tan especiales como este teatro romano de Sagunto y lo estoy viviendo muy a gusto.

P. ¿Qué significa para ti interpretar a Taltibio en un contexto como este teatro romano?

R. Es un arma de doble filo; o puede potenciar lo que haces o te puede comer. Porque el sitio en sí, por lo impresionante del lugar, puede llegar a tener más protagonismo que lo que está sucediendo en el escenario. Pero también tiene la posibilidad de que lo potencie muchísimo, que creo que es lo que a nosotros nos ha pasado al estar en sintonía con los sitios en los que lo hemos representado.

P. Las guerras y las mujeres, un tema siempre vigente. Mirando a Siria, con el drama de los refugiados o en cualquier otro punto del planeta donde haya conflicto bélico, la mujer, como en Las Troyanas, es botín de guerra, ¿Quién sería hoy el mensajero que, como Taltibio, tuviera ese poso de humanidad en el panorama internacional actual?

R. Es muy difícil saberlo. Hay gente que se ocupa muchísimo de prestar su voz, de denunciar ciertas situaciones que están pasando, incluso de arrimar el hombro para ayudar a tratar de resolver esas situaciones. Ese Taltibio no sé quién sería hoy, pero tampoco es cuestión de salvarlo. Lo bonito es que pone ante los ojos del espectador un terreno complejo porque no sabes si quererlo u odiarlo. Es muy difícil posicionarse; lo entiendes, pero tampoco lo justificas.

P. ¿Qué piensas justo antes de salir al escenario?

R. Trato de vaciarme, de no pensar en nada.

P. ¿Cómo lo consigues?

R. No lo sé, pero lo hago. Respirando. Trato de conectarme con la energía de arriba, de abajo, del centro y a tirar.

P. ¿Cómo ves la salud del cine actual?

R. La cultura en este país está en un estado perenne de precariedad. Y más en los últimos tiempos. Me parece muy triste que haya como una cierta política y algo que se ha instalado en la sociedad, en cuanto al lugar que ocupa la cultura. No siento que se sienta de una manera como algo primordial para el desarrollo de una sociedad. Como algo fundamental para el completo desarrollo de un pueblo como sociedad. Y lo que tiene que ver con transmitir la cultura; el cine es un arma de transmisión cultural poderosísima. Esto lo saben en países como en Francia o en Estados Unidos, donde lo ‘megaapoyan’. También se ha instalado el discurso de que el cine, también el teatro, son todos unos subvencionados o que viven de las subvenciones. Y es una afirmación completamente errónea. En el sentido de que todo está subvencionado, como cualquier otro sector. Y, en todo caso, lo que se subvenciona es a las empresas, no se subvenciona a los artistas. Por otro lado, siento que hay gente súper capaz, con mucho talento, que está haciendo cosas súper interesantes.

P. ¿Hasta qué punto plataformas como Netflix o HBO pueden beneficiar o amenazar la relación del espectador con el cine de sala?

R. No lo sé. Es algo que es muy nuevo todavía como para saberlo. Yo lo siento como algo positivo. Porque genera una diversidad en la oferta, genera mucho trabajo a muchos profesionales, se activan oportunidades. Otra cosa es la experiencia cinematográfica de ver una película en una sala de cine. Me resisto a pensar que vaya a desaparecer. Hay una corriente de gente que piensa que eso tiende a desaparecer, pero yo creo que hay algo insustituible en la experiencia colectiva de ver algo a la vez que lo están viendo otros.

P. ¿Qué proyectos te esperan además de Las Troyanas en esta temporada?

R. Estoy combinando ahora esta gira con el rodaje entre Galicia y Barcelona hasta septiembre de la película La sombra de la ley, dirigida por Dani de la Torre. Luego estoy cerrando un par de proyectos entre septiembre y octubre que no estoy seguro si los podré cuadrar; entramos con Las Troyanas en noviembre en el Teatro Español; en diciembre se estrena Perfectos desconocidos, que es la última película de Álex de la Iglesia; y el año que viene sigo de gira con la obra hasta abril y estaré también de nuevo en Las chicas del cable, la serie de Netflix, con el rodaje de la tercera temporada en enero.

“La cultura en este país está en un estado perenne de precariedad. Y más en los últimos tiempos. Me parece muy triste que haya como una cierta política y algo que se ha instalado en la sociedad, en cuanto al lugar que ocupa la cultura”

P. ¿Y para Argentina no te guardas nada?

R. Justamente estoy tratando de cuadrar una miniserie muy interesante de cuatro capítulos para la tele de allí. A ver si lo puedo encajar entre septiembre y octubre. Porque me encanta hacer cosas allí; he hecho ya varias películas y una serie de televisión y me gusta mucho.

P. Con toda esta familia de artistas que es la tuya, ¿cuándo coincidís? ¿En qué momento?

R. Cuando podemos. Desde pequeño he estado habituado a que mi padre viajara y a estar en rodajes, en los teatros, etc. En mi casa hay mucho movimiento, pero eso también genera dinamismo y airea las relaciones familiares. Ahora dentro de todo este lío sí he podido conseguir cinco días y nos vamos de vacaciones.

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