Relato: ‘Pide un deseo’ de María Flores

Pide un deseo

De María Flores. Ganadora de la XIV edición www.excelencialiteraria.com

Abrió los ojos con cuidado, incluso podría decirse que con miedo. El paisaje que encontró a su alrededor era muy distinto al que esperaba. Se encontraba rodeada de agua y de un cielo azul cuya claridad fue adaptándose poco a poco a su vista.

Sentía cosquillas y una sensación que no era capaz de explicar. Imaginó que se debía al suave balanceo con el que las olas mecían al pequeño barco. Era la primera vez que navegaba. Su felicidad le hizo componer una sonrisa.

Si volvía a sus recuerdos, lograba observar los restos de aquello que consideraba su hogar, puesto que no había conocido otro. Sin embargo, no sentía lástima de haberlo abandonado. Todo lo contrario; era un sentimiento de libertad.

En el interior del barco sus padres y hermanos bailaban y reían. Parecía que también estaban felices. Decidió levantarse para unirse a la alegría familiar.

Llegaron a su destino. Era la primera vez que experimentaba aquella paz, aquella sensación de tranquilidad. El tiempo parecía haberse congelado. Se congregaron muchas personas en el puerto, que les aplaudían y recibían con abrazos y mantas. A pesar de las diferencias de color e idioma, podían comunicarse entre todos sin dificultad.

De pronto le sobresaltó un ruido fuerte, parecido al de una sucesión de disparos. Volvió a abrir los ojos, rompiendo la pompa de un espejismo.

—Cariño, tienes que soplar la vela. Pide un deseo —le animó su madre con una sonrisa, a pesar de que no lograba esconder una triste mirada.

En el centro de la mesa había un pequeño pastel con una única vela que no coincidía con los ocho años que cumplía la pequeña, que volvió a cerrar los ojos antes de, con un suave soplo, apagar aquella llamita que mantenía vivo su sueño. Deseó con todas sus fuerzas que se hiciera realidad.

María Flores

No sabía que sus padres no podrían pagar un pasaje en barco para marcharse todos los miembros de la familia, ni que la gente de la otra orilla del mar no los recibiría con sonrisas. Sin embargo, nada de eso importaba porque… quién le podría arrebatar su deseo. Había sueños que la guerra no mataba y anhelos que no se convertían en humo al extinguirse el pábilo de una vela.

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