Entrevista a Alberto Barrera Tyszka por su novela ‘Mujeres que matan’: «La literatura ofrece otra mirada sobre la realidad pero no la transforma»

 

@Cristina Marcano

Por Carmen F. Etreros.

 

«Solemos pensar en el suicidio como una gran tormenta, con características casi románticas. Pero la decisión de morir puede ser cultivada en silencio, lentamente. Sin señales de alarma».

Esta semana hemos tenido la oportunidad de entrevistar al escritor Alberto Barrera Tyszka por su última novela Mujeres que matan publicado por Literatura Random House. El autor ganó en 2006 el Premio Herralde por La enfermedad y en 2015 el Premio Tusquets con su novela Patria o muerte. Mujeres que matan es una original historia que se centra en un inusual club de lectura se convierte en la única forma de escape de un grupo de mujeres desesperadas en una Venezuela asolada por la crisis. Una novela que envuelve con su intriga y con esa forma mágica en la que descubre los sentimientos y emociones de la protagonista.

P. ¿De dónde surge la idea de tu novela Mujeres que matan?

R. Yo nunca sé muy bien de dónde surgen los libros. Creo, en cualquier caso, que lo libros nunca tienen una vocación pura, nacen de ideas, inquietudes, experiencias propias o de otras, sombras… Mujeres que matan viene un poco de esa mezcla, probablemente se me ocurrió el relato después de asistir a algún Club de lectura de mujeres, en la convulsionada Caracas del año 2014 pero, también, desde hace tiempo venía yo interesado, indagando, pensando cosas alrededor de la relación entre lo femenino y lo masculino. Por otra parte, el tema de la violencia siempre ha estado presente en lo que escribo…

P. Magaly Jiménez vive angustiada en esa ciudad que pasa hambre, vive en colas para conseguir alimentos, sufre cortes diarios de agua corriente, se siente vigilada… ¿cómo se puede soportar esta situación?

R. Con dificultad. Con miedo. Con impotencia…Y con algo terrible que terminan produciendo sociedades de ese tipo: desazón. Con una gran desesperanza que termina quitándole incluso las ganas de vivir.

P. Ni el hijo ni ninguna persona que acompaña durante su vida a Magaly Jiménez conoce la angustia de la protagonista, ¿vivimos solos en este mundo?

R. En más de un sentido, Magaly Jiménez está sola. Es viuda, su hijo vive fuera, ha perdido el futuro…Pero esa la pregunta que haces  siempre aparece cuando alguien se quita la vida. Solemos pensar en el suicidio como una gran tormenta, con características casi románticas. Pero la decisión de morir puede ser cultivada en silencio, lentamente. Sin señales de alarma.

P. El club de lectura al que se apunta Magaly Jiménez ¿está basado en alguna historia real?

R. Ese Club en particular, que es el eje de la novela, no tiene ninguna referencia real. Pero durante un tiempo, en Caracas, empezaron a aparecer clubes de lectura, formados fundamentalmente por mujeres. A veces a los escritores nos invitaban e íbamos a alguna sesión y participábamos. En medio de una realidad hostil, violenta, en medio de cierto caos, de pronto existían estas islas, estos espacios insólitos y maravillosos de lectura compartida.

P. ¿Puede un club de lectura cambiar la vida de una persona hasta el punto de convertirla en una asesina?

R. De alguna manera, ese es el relato que propone la novela. Pero no se trata únicamente de un club de lectura. Ese solo es el detonante, la puerta que permite que unas mujeres agredidas, en una sociedad impune, decidan comenzar a hacer justicia por su propia mano. La lectura las ayuda a cruzar ese límite. Y deja, en el fondo, esa duda inquietante: cuando reina la impunidad, las mujeres, como víctimas de la violencia, ¿pueden responder también con violencia? ¿Hasta dónde pueden llegar? ¿Hasta el asesinato?

«En medio de una realidad hostil, violenta, en medio de cierto caos, de pronto existían estas islas, estos espacios insólitos y maravillosos de lectura compartida».

P. En la novela se nota que le duele mucho la situación actual de Venezuela… ¿Puede la literatura ayudar a cambiar las cosas?

R. No. La literatura ofrece otra mirada sobre la realidad pero no la transforma. La literatura puede complejizar la versión que tenemos de algún tema, puede cambiar quizás la vida de quien está leyendo… pero no sustituye la experiencia ciudadana. La literatura no derrumba tiranías, no quita o pone gobiernos.

P. ¿Cuáles son tus planes de futuro como escritor?

R. Yo no soy un escritor demasiado planificado. Paso mucho tiempo pensando una historia antes de escribirla. Incluso, mientras escribo, tampoco sé demasiado bien a dónde voy. Ahora apenas estoy en ese proceso. Tomando notas sobre una historia íntima que –quizás, eso espero- luego pueda convertirse en una próxima novela.

 

 

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