‘Hotel Bruce’ de Ryan T. Higgins

Hotel Bruce de Ryan T. Higgins (texto e ilustración). Traducción de Adolfo Muñoz García. Editorial Anaya, Colección Álbum ilustrado, 2019. 240 x 315 mm., 48 pp., 15 €, (+ 3 años)

Por José R. Cortés Criado.

“Bruce es un oso que vivía con cuatro gansos a regañadientes”.

Ryan T. Higgins: Hotel Bruce.

Vuelve tan singular protagonista, Bruce, con otra genial historia que solo le puede ocurrir a él, oso gruñón con buen corazón que se convirtió sin quererlo en mamá de cuatro gansos.

Ser oso y mamá es complicado, sobre todo cuando debes acudir todos los inviernos con tus hijos a las playas del sur para que disfruten de buen tiempo en vez de hibernar.

Pero lo peor fue cuando regresó a su hogar dispuesto a descansar y se encontró su vivienda llena de animales del bosque, porque tres graciosos ratoncitos convirtieron la casa en hotel y allí estaban los huéspedes sin ganas de marcharse de tan agradable espacio.

Bruce logró echar a los tres ratones pero cuando llegó a su cama, allí no cabía nadie más entre el reno, la mofeta, el conejo, el tejón, las tortugas, las ardillas, las comadrejas, el zorro, el castor y los gansos.

Y si estos eran pocos y no de gran tamaño, la cosa se complicó cuando apareció por allí un autobús cargado de elefantes, eso fue el colmo, junto a las intenciones del zorro de elaborar sopa de tortuga con unos huéspedes.

La trama es sencilla y divertida, hay que destacar las ilustraciones que dotan a todos los personajes de personalidad propia. Cada uno de ellos refleja perfectamente su personalidad y sus intenciones, hasta Bruce, que bajo la apariencia de enfado permanente, muestra su enorme corazón con su último gesto en esta historia.

Seguro que gusta a cualquiera que se atreva a abrir sus páginas. Desde la portada el lector se siente tentado a leer la obra. La trama tiene sentido visual. Siguiendo los dibujos todos comprenderán la historia. Las palabras del narrador y la de los diálogos complementan las imágenes.

Ryan T. Higgins hace gala de su buen hacer con los lápices y los colores, mostrando láminas completamente coloreadas donde tienen bastante importancia los fondos que enmarcan cada escena en su espacio adecuado. Además utiliza la lengua con bastante ironía, y juega con el tamaño y tipo de letra para diferenciar textos y dotarlos de expresividad.

 

 

 

 

 

 

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