‘¿Te cuento un secreto?’ de Roberto Aliaga y Miguel Ángel Díez

¿Te cuento un secreto? de Roberto Aliaga. Ilustraciones de Miguel Ángel Díez. Editorial Anaya, 2020. 215 x 220 mm., 264 pp.,  18 €, (+ 3 años) 2019.

Por José R. Cortés Criado.

 

La editorial Anaya ha lanzado este volumen recopilatorio de ocho cuentos con una muy  cuidada presentación, tanto por las pastas duras como por la calidad del papel utilizado para el mismo. Anteriormente vieron la luz en ediciones a todo color en rústica.

Los ocho títulos son los siguientes: Cuando fui a la selva, Cuando fui al Oeste, Cuando me convertí en lobo, Cuando me convertí en sirena, Cuando trabajé en el circo, Cuando subí en globo, Cuando me hice así de pequeño y Cuando metí la pata.

 La estructura narrativa de todos es similar, unas veces la madre, otras el padre, le cuentan un cuento a su hija; siempre parten de algún suceso acaecido, ya sea porque la hija le gritó al padre, se enfadó con una amiga, se olvidaron de algo o simplemente está compungida por un pequeño percance.

A partir de esa excusa los padres acaban inventándose una historia bastante fantasiosa y algo disparatada, ya sea porque la madre se transforma en sirena, o es convertida en sheriff o metió la pata; el padre ve su tamaño muy reducido, más pequeño que una botella; o trabajó en el circo o le explicó a su hija que los monstruos tienen miedo a los niños y por eso solo están en las habitaciones de los padres.

Todos las sencillas historias guardan una moraleja, pueden servir para hacer nuevas amistades, espantar los miedos, hacer las paces con alguien, tomar conciencia del problema de la contaminación marina, o comprender que a veces no hacemos las cosas mal, solamente las hacemos de forma diferente. Gracias a estos secretos del padre y de la madre la niña duerme tranquila y se siente reconfortada ante cualquier contratiempo.

Son cuentos breves que pueden leerse antes de dormir y servir para compartir un rato los progenitores con sus hijos, además de la carga educativa que aportan y dan modelos a seguir ante pequeños incidentes con amigos y parientes.

Los cortos textos se acompañan de extensas ilustraciones, a veces ocupan una página, pero casi siempre dos tercios de las dos páginas contiguas, sirven de marco para incluir breves párrafos narrativos.

Miguel Ángel Díez crea unos personajes con personalidad propia, dejando constancia de su estilo personal; pinta protagonistas de caras ovaladas, pequeñas narices y hermosos ojos con mucha vitalidad.

Además recrea el escenario donde transcurre la trama con profusión de colores y elementos añadidos para crear una historia paralela a la escrita. Unas veces los dibujos complementan el texto, otras le añaden significados y amplifican las ideas, ya sea por los animales que acompañan a los personajes o la colección de monstruos que se pasean por sus páginas.

Los diálogos son muy escasos, las preguntas formuladas por el adulto son retóricas, la respuesta la da el mismo, según sea el turno del padre o de la madre quienes la formulen y la respuesta da pie para continuar contando la historia.

 

 

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