Reseña ‘La princesa manca’ de Gustavo Martín Garzo

La princesa manca de Gustavo Martín Garzo. Ilustraciones de Mo Gutiérrez Serna. Editorial Kalandraka, 2020. 152 pp., 15 €, (+ 12 años).

Por José R. Cortés Criado.

“La ausencia de su amiga y las penalidades de su búsqueda le habían revelado que la vida del hombre no podía bastarse a sí misma y que no merecía la pena sin el cuidado ni la alegría del amor”.

Gustavo Martín Garzo: La princesas manca.

Volver a leer este libro después de veinticinco años me ha hecho disfrutar de él como si fuese la primera vez, y es que comenzar con ese “hace muchos años…” nos transporta a otra dimensión donde la vida se vive con otra intensidad, los sucesos extraños son corrientes, los personajes más extraños hacen cosas normales, y como dice su autor: “En el mundo hay lugares donde todo lo que creemos imaginado puede ser real”  y este libro es el lugar donde ese fenómeno se da.

Esteban, su protagonista vive en el interior de un bosque, su abuelo le enseñó los secretos de la naturaleza y una forma de vida sin envidiar nada y valorando el entorno. Es un ser bondadoso, cuida el bosque como si fuese su jardín, ayuda a quien lo necesite y busca hacer el bien por encima de todo.

Las vivencias de este personaje son increíbles, desde su espacio en medio de la naturaleza empieza un periplo en busca de su verdadera amiga, que nos es más que una mano, pequeña, ágil, suave…que tiene vida propia y como tal necesita alimentarse para vivir. La mano llegó hasta él por medio de un extraño anciano de insaciable apetito, y no fue una casualidad.

La relación entre Esteban y la mano es única, son una pareja perfecta, se entienden y complementan fácilmente, hasta que se la arrebatan y entonces comienza el peregrinaje en su búsqueda. Cada vez que avanza en medio de la naturaleza descubre algo novedoso, ya sea un reino donde el rey vive atormentado por el sueño eterno de su hija, una pareja extraña, ella manca y él con el pecho atravesado por una flecha que también le partió el corazón; un país donde todas las mujeres son mancas, unos pastores que cuentan historias a la luz de la lumbre en su trashumancia…

Estos personajes extraños como los pastores, un estudiante, un doctor, un rey, un joven atravesado por una flecha que vive a pesar de ello, un doctor, un anciano que oculta más de lo que cuenta y un lugar donde viven muchas manos cercenadas configuran un marco donde todo es posible, lo real y lo imaginable. De las sabias palabras de ellos surge una ancestral sabiduría que enriquece la lectura, ya sea por los profundos diálogos o las magníficas descripciones del entorno natural cargadas de lirismo.

Los sueños, lo ingeniado, los deseos, lo inesperado, las viejas historias, los temores…se van entrelazando en esta historia donde confluyen otras, que dotan de una estructura solida y mágica al libro. La realidad de Esteban, la búsqueda del amor, los espacios bucólicos, los lugares oníricos, los consejos de los ancianos y las esperanzas de mitigar todos los males hacen que esta historia coja fuerza capítulo tras capítulo y atrape al lector de tal manera que no desea llegar al final.

El buen hacer de Gustavo Martín Garzo está fuera de toda duda, como lo demuestra su extensa obra y sus galardones; él sabe construir un relato de suma belleza y suficiente magia para llevar a los lectores a un mundo único donde lo sobrenatural se presenta como normal en esa intriga que envuelve todo desde la primera página. Libros como este hacen buenos lectores.

El libro está primorosamente ilustrado por Mo Gutiérrez Serna, que recurriendo, sobre todo, a trazos finos de color negro nos dibuja rostros y numerosas manos, a los que puede añadir trazos en otros tonos, y muchas manchas de colores primarios, que superponiéndose, crean nuevas tonalidades de forma sutil, recreando elementos difíciles de catalogar pero que embellecen las páginas.

 

 

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