El Ayuntamiento de Barcelona y La Fábrica publican ‘Barcelona. Fotògrafes/Fotógrafas’ de Isabel Segura

Barcelona

El Ayuntamiento de Barcelona y La Fábrica publican el libro Barcelona. Fotògrafes/Fotógrafasuna obra que da voz y reivindica el trabajo de 21 fotógrafas que fueron testigos de algunos de los momentos históricos más destacados de la ciudad, desde mediados del siglo pasado hasta la actualidad.

Se trata del primer libro que reconstruye la historia de la ciudad a través de la mirada de mujeres fotógrafas, poniéndolas en relación, y explorando la narrativa urbana que con sus imágenes han contribuido a construir. Mujeres como Margaret Michaelis y sus fotografías sobre el barrio de San Andrés; Dora Maar, que retrató a las campesinas en las plazas de los mercados, o Kati Horna y su testimonio sobre una ciudad en guerra; Pilar Aymerich, que fotografió el tiempo de la censura; Carme Garcia, fotógrafa desde las azoteas, o Colita, directora de fotografía de la revista Vindicación Feminista, entre otras. En definitiva, «son fotógrafas, sin etiquetas, que quieren contar historias y hacerlas públicas».

El libro, que reúne imágenes desde la proclamación de la II República hasta la actualidad, incluyendo, por supuesto, la Guerra Civil Española y la represión social durante los años del franquismo, cuenta con imágenes de Pilar AymerichConsuelo BautistaJoana BiarnésAnna BoyéMilagros Caturla SorianoColitaSilvia T. ColmeneroCarme García PadrosaKati HornaDora MaarRoser Martínez RochinaAnna María Martínez SagiMargaret MichaelisMarta PovoGuillermina PuigMarta SentisRosa Szücs del OlmoGerda TaroAnna TurbauMontserrat Vidal i Barranquer y Pilar Villarrazo.

Barcelona se internacionaliza con la fotografía a partir de los años treinta. Los cambios sociales, políticos y demográficos de la época hicieron de la ciudad un destino interesante para las fotógrafas que participaban de las corrientes más innovadoras. Unas llegaron para quedarse, y se instalaron en sus barrios; otras, vivieron y desarrollaron su carrera allí, y otras estaban de paso y descubrieron un lugar en el que poder trabajar. Pero todas las mujeres fotógrafas que retrataron sus calles y su gente contribuyeron a crear la imagen de una Barcelona moderna y cosmopolita.

La situación política que vive la ciudad de Barcelona con la proclamación de la II República, en 1931, y el consiguiente cambio social, la convierte en un periodo muy intenso informativamente. En esta década, Barcelona tiene un millón de habitantes, es una ciudad diversa, de acogida, una ciudad en proceso de cambio, tanto cultural –con una apuesta firme por la cultura como herramienta de transformación social– como urbanístico y político. «Son cambios que reconocen la voluntad de diversos colectivos de transformar las relaciones entre la ciudadanía y las instituciones públicas, y también las relaciones entre hombres y mujeres. En definitiva, son cambios que quieren explorar nuevas maneras de vivir tanto colectiva como individualmente, lejos de las viejas y obsoletas políticas y de los antiguos arquetipos», señala Isabel Segura.

En Europa el auge del nazismo impulsa a algunas creadoras a buscar cobijo en Barcelona, ​​a la vez que otras creadoras europeas llegarán a la ciudad para conocer los cambios políticos de primera mano. Margaret Michaellis centrará gran parte de su trabajo en el barrio del Raval y captará la sensibilidad de un barrio marginal –como el caso de Rosita, una trabajadora sexual-, un barrio rechazado por los urbanistas que trabajan para la transformación de la ciudad, el movimiento arquitectónico del GATCPAC, con el que Michaellis colaborará estrechamente. También será la encargada de hacer el seguimiento para la contratación del conjunto residencial de la Casa Obrera, espacio con el que se pretendía poner en relación la vivienda con los servicios y las necesidades sociales reales de la clase obrera dotándolo, además, de nuevos programas educativos. Esta transformación social permanecerá bajo el relato fotográfico de Margaret Michaellis: “Se establecía que la vivienda obrera debía estar en zonas urbanizadas y bien comunicadas, un principio radicalmente distinto del que se había aplicado en las casas baratas construidas por la dictadura en las periferias incomunicadas, que dificultaban el acceso al trabajo remunerado y a cualquier servicio urbano”, explica la autora.

Por su parte Dora Maar será la fotógrafa de la ciudad, desde la montaña y desde el mar, desde el Park Güell hasta el mercado de la Boquería, fotógrafa de la vida cotidiana y testimonio de la diversidad de Barcelona.

El 19 de julio del año 36, con el golpe de estado producido en diversas ciudades contra el régimen republicano, estalla la Guerra Civil. Esta contienda provocará la llegada de periodistas y fotógrafos de todo el mundo y será el primer conflicto armado con cobertura mediática. Gerda Taro y su compañero Endre Ernö Friedmann –con quien trabajará, y conjuntamente firmarán sus imágenes con el nombre de Robert Capa–, y Kati Horna, estarán entre los principales profesionales de la fotografía que cubrirán el conflicto bélico. Tal como narra Isabel Segura, «la Barcelona de Gerda Taro es todavía una ciudad esperanzada que confía en la organización popular para detener rápidamente a los golpistas. El Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña organiza las milicias obreras y las columnas que van hacia los frentes de Aragón y de Madrid».

Anna María Martínez Sagi, atleta y periodista, quiere alistarse en las milicias antifascistas que se dirigen hacia Zaragoza y se une como reportera a la Columna Durruti, desde donde publicará a lo largo de un mes crónicas gráficas en las principales cabeceras, fotos desde primera línea del frente y del día a día de los milicianos.

En octubre de 1936 se crea el Comisariado de Propaganda de la Generalitat de Catalunya, una comisión indispensable para poder dar a conocer el conflicto internacionalmente, facilitando el acceso a redactores y fotógrafos extranjeros. A principios de 1938 Kati Horna vuelve a Barcelona y será testigo de los bombardeos que sufre la ciudad, especialmente los del 16, 17 y 18 de marzo. «Las imágenes de Kati Horna, aquel mes de marzo de 1938, testimonian la masacre colectiva que sufrió la ciudad: edificios derrumbados, escombros y más escombros. No fotografía ninguna persona muerta. Sí que muestra un perro, como símbolo de la brutalidad», comenta la autora.

Carme Garcia Pedrosa, artista y amante de la fotografía, inicia su trayectoria en los años treinta, pero una vez acabada la guerra y con las tropas franquistas ocupando  la ciudad, el panorama es desolador y los sueños se desvanecen. La subsistencia es el primer objetivo. La actividad social y cultural en la calle desaparece y se sustituye por actos como la quema de libros. Garcia Pedrosa esconde su máquina.

Entre las innumerables acciones de represión, el Instituto de la Mujer y la Biblioteca popular, la primera biblioteca pública de mujeres de Europa creada en 1909, pasa a manos de la Sección Femenina de la Falange Española y de las JONS, y «se depura siguiendo órdenes del nuevo régimen. Se dan de baja 3.782 libros y así se hace constar en los papeles. Y, para evitar que sean quemados, también se esconden detrás de una falsa pared cientos y cientos de libros del fondo antiguo de la biblioteca.”

El papel de la mujer queda relegado a ejercer «labores del hogar», dedicándose íntegramente a la familia y prácticamente sin derecho a pensar y a expresar, pero estas mujeres creadoras trabajarán para poder explicar todo lo que sucede en la ciudad, como es el caso de Montserrat Vidal y Barraquer, que quiere mostrar la Barcelona derribada y, en palabras de Isabel Segura, «sin duda, es la fotógrafa que capta con más intensidad el vacío de la Barcelona de posguerra». Las calles están vacías y la vida se traslada a las azoteas de las casas, la azotea será el observatorio de la ciudad, y Carme Garcia explicará a través de sus fotografías, el día a día de unas vidas escondidas.

A finales de la década de los cincuenta, dentro de la Agrupació Fotogràfica de Catalunya, se constituye el Grupo Femenino, pero sin poder profesionalizarse como fotógrafas: “Existía una especie de consenso tácito, un pacto social no explícito, que excluía a las mujeres del mundo de la formación y de la creación cultural. Las mujeres eran conscientes de que el acceso a la profesionalización era prácticamente imposible a causa del contexto social y también a causa de un entorno familiar en el que las actividades artísticas estaban permitidas siempre que se mantuvieran como hobby y no se pretendiera llevarlas más allá.” Rosa Szücs fue una de las fotógrafas más reivindicativa y comprometida en defender los derechos de la mujer.

Roser Martínez Rochina, entrevistadora y fotógrafa, sitúa parte de su obra en las antiguas fábricas textiles, alimentarias y de automoción, del barrio del Poblenou, así como en las casas centenarias. La ciudad también crece, de este a oeste. Se inicia un periodo de construcción acelerado, de iniciativa pública pero también, y en mayor grado, privada. Los arquitectos llaman a los fotógrafos para captar esta evolución de la ciudad. Las mujeres fotógrafas no estarán invitadas, pero ellas irán igualmente, como es el caso de Carmen García. Estamos en la década de los sesenta y setenta.

La obra fotográfica de estas mujeres no aparecerá en el circuito natural, como son las publicaciones diarias, su divulgación se hará a través de publicaciones especializadas. La primera reportera fotográfica de este periodo fue Joana Biarnés, pero a pesar de trabajar para el diario El pueblo de Madrid, los prejuicios hacia las mujeres no le hicieron fácil desarrollar su tarea.

El año 68, que pasó a la historia como el año de las grandes reivindicaciones sociales, con manifestaciones contra la guerra de Vietnam y a favor de los derechos civiles en Estados Unidos, los movimientos contra la invasión soviética de Praga, Mayo del 68 en París, y las huelgas y los conflictos en los centros universitarios e industriales de Asturias, Barcelona, ​​País Vasco y Madrid, esta inestabilidad social y política provocó la declaración del estado de excepción en el Estado, en 1969. De nuevo se silencia la libertad de expresión. Barcelona no será menos y, además de encontrarse en un proceso en el que se debe redefinir identitariamente, se añade el conflicto político, urbanístico, laboral y vecinal. Barcelona es ahora una ciudad desigual, tanto social como urbanísticamente.

La fotografía también dejará testimonio de estas diferencias: «Las fotógrafas dieron visibilidad a los ciudadanos que exigían participar en la construcción de una ciudad democrática y moderna. Fueron testimonio gráfico de aquellos movimientos sociales y políticos y practicaron una fotografía documental con un claro compromiso político que muestra las calles como un espacio común donde se hace visible la voluntad de construir una nueva ciudad.» Explica Segura.

Pilar Villarrazo, deja atrás el Montjuïc de la Exposición Internacional para adentrarse en el Montjuïc marginal, el de las barracas, o enel barrio de Can Clos, construido en tan sólo 28 días para acoger a los desalojados de la Diagonal, debido al Congreso eucarístico de 1952. Regresará una segunda vez a Montjuïc, con Manuel Vázquez Montalbán. Ambos plantean un debate sobre la concepción de la ciudad a partir de dos tendencias, » la de los urbanistas del siglo XIX, que habían apostado por una ciudad compacta con una mezcla de usos, y la de los contemporáneos que, a remolque de los principios establecidos por el CIAM (Congreso Internacional de Arquitectura Moderna), optan por una ciudad funcional con una fuerte especialización espacial”.

En la nueva Barcelona se construyen miles de viviendas, zonas residenciales en polígonos situados al este de la ciudad, sin servicios, sin escuelas, sin tiendas, sin transporte. Esta tendencia traspasa más allá de la ciudad a poblaciones vecinas. Comienza la especulación, la construcción masiva y sin control, pero por otro lado también se da otro fenómeno, el abandono de los territorios agrícolas.

Mientras se levanta esta Barcelona de construcción indiscriminada, irrumpe el movimiento feminista, y en mayo de 1976 se celebran en Barcelona las Jornadas Catalanas de la Mujer, en el Paraninfo de la Universidad de Barcelona ​​con la asistencia de más de cuatro mil mujeres, como muestra de protesta y en contra del modelo de femineidad preestablecido. Tres días de debate y de protesta que quedaron grabados en la cámara de Pilar Aymerich. Estas jornadas permitirían hablar libremente a las mujeres, debatir sobre la opresión del hombre sobre la mujer, los abusos y la división sexual del trabajo. Varias iniciativas surgirían a partir de las Jornadas, como la revista Vindicación Feminista, bajo la dirección fotográfica de Colita. «Vindicación Feminista combina el lenguaje con la imagen cargada de contenido político. Hay una transitabilidad del ámbito verbal a lo visual. La revista busca estrategias visuales complejas y narrativas de representación», apunta Segura. La aparición de esta cabecera marcará un punto de inflexión con respecto a las publicaciones dirigidas a mujeres.

Se crearán nuevos proyectos feministas que servirán para romper con los estereotipos establecidos. Colita y Maria Aurèlia Capmany publicarán el libro Antifémina. Se inaugura el bar-biblioteca Sal, donde se presentarán libros. El movimiento feminista en Barcelona se vinculará a la lectura y al debate. Y la fotografía será un elemento cultural indispensable para dejar testimonio de la efervescencia de estos movimientos sociales por parte de diferentes colectivos. Pero también políticos, huelgas y manifestaciones reivindicativas de todos los sectores por las calles de Barcelona ​​que terminarán con la huelga general del 12 de noviembre del 76, contra las medidas de ajuste laboral y económico del gobierno de Adolfo Suárez, y también a favor de la amnistía y las libertades democráticas, hechos inmortalizados por las cámaras de Colita, Pilar Aymerich, Anna Turbau y Guillermina Puig.

Marta Sentís pasea por la Barcelona del Eixample y de la Diagonal, donde emerge la nueva Barcelona arquitectónica, pero su interés se centrará en la vida cotidiana, la parte más humana de la ciudad. Por otra parte, así como Maragert Michaella fotografió el Raval de los años treinta, Anna Turbau lo hace en los años setenta. Entre las fotografías de ambas, el barrio no ha cambiado, no ha habido intervención urbanística en el barrio de las casas fábrica que ahora son viviendas. Para Anna Boyé el interés está en la diversidad también del barrio del Raval, tanto en el exterior como en el interior de las casas. Consuelo Bautista, dará voz a los suburbios a través de la fotografía, y retratará la diversidad, centrando su obra en las migraciones: «Del Raval a la Mina y a la Perona, una geografía humana de Barcelona que a menudo se excluía de los imaginarios urbanos y que los medios también habían estigmatizado. Durante años, la fotografía había contribuido a fabricar la idea del suburbio, una construcción fotográfica y simbólica que se había quedado definida como paisaje de excepción”, explica Isabel Segura.

En definitiva «Son fotógrafos, sin etiquetas, que quieren contar historias y hacerlas públicas», mujeres creadoras que contribuyeron a dar una nueva imagen de la ciudad y a la construcción de un nuevo relato de gran valor patrimonial.

 

 

 

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