‘Érase dos veces el barón Lamberto’ de Gianni Rodari con ilustraciones de Javier Zabala

Érase dos veces

Érase dos veces el barón Lamberto de Gianni Rodari. Ilustraciones de Javier Zabala. Editorial Kalandraka, Colección 7 Leguas, 2020. Cartoné, 168 pp., 15 x 23,5 cm., 15.00€. Disponible en gallego, catalán y portugués.

Por José R. Cortés Criado.

Ingeniosa historia llena de imaginación que hace pasar un buen rato a los lectores, mientras descubren quien es ese multimillonario banquero, que vive en la isla de San Giulio en medio del lago Orta.

Si ser muy millonario, poseer propiedades por todo el mundo, vivir en un palacio, tener muchas personas a su servicio, hacer lo que le viene en gana en todo momento, viajar donde quiera y darse todos los caprichos imaginables fuese poco, también tiene un secreto muy bien guardado.

Gracias a ese secreto que le contó un anciano en Egipto, el barón Lamberto comenzó sanar de sus numerosísimas enfermedades. Todas ellas perfectamente clasificadas, controladas y anotadas por su fiel mayordomo.

Y no solo sanaba, sino que también se rejuvenecía. Era un caso único, nadie daba crédito a lo que veía. Los directores de sus muchos bancos no lo reconocían por su juvenil aspecto. Muy pocos conocían su secreto. El anciano que le dio la fórmula, su mayordomo y él.

Pero las cosas buenas y la tranquilidad nunca perduran, así que una banda de veinticuatro bandidos, todos llamados Lamberto, como el barón, tomaron posesión de la isla y comenzaron a pedir un rescate por la vida del ricachón. Como no le hicieron caso empezaron a mandar algo de barón, que si una oreja, que si un dedo…y seguían si creer que ese joven era el anciano millonario.

Al barón eso le daba igual, porque cada vez que le cortaban un apéndice, le volvía a crecer, gracias a su magia, esa que llevaban a cabo seis personas en la buhardilla de su mansión día y noche sin interrupción.

Sin embargo le descubrieron su secreto. Su sobrino y único heredero, que ansiaba heredar cuanto antes provocó el cataclismo. Los directores de sus bancos no estaban dispuestos a pagar el rescate y tanto se complicaron las cosas que el millonario falleció.

Su funeral fue seguido por una gran multitud que no cesaba de pronunciar su nombre. Los bandidos huyeron y hasta el barón resucitó. El remedio de su curación y rejuvenecimiento también sirvió para volverlo a la vida.

Lo que acaeció después es digno de ser estudiado por personas sabias, ya que todos los acontecimientos cambiaron para siempre la vida del barón, hasta límites que es difícil sospechar sin leer el libro.

Rodari juega con la imaginación. Nos lleva a su mundo de fantasía. Hace juegos malabares con las palabras, crea equívocos, trabalenguas, situaciones absurdas, a pesar de dotar el cuento de numerosos datos y someras descripciones que dan un barniz de realidad a esta historia que nos divierten ante la sorpresa de su final.

Y como suele hacer en sus libros, también nos da una lección de ética para entender el mundo, repasando el valor que debemos darle a las cosas materiales, el servilismo de algunas personas, el egoísmo de otras, la falta de escrúpulos…en fin, que sin remarcarlo, el lector ve desfilar las distintas condiciones humanas.

Buen libro para conmemorar el centenario del nacimiento del periodista y educador que marcó el mundo de la fantasía y siempre animó a sus lectores a ser rebeldes en la vida.

El texto está muy bien ilustrado por Javier Zabala que nos presenta unos personajes y paisajes cercanos a los bocetos, más que a una obra acabada. Dan fantasía y simbología a las palabras con muy poco color. Predominan los  tonos negros, azules y marrones.

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