‘La balada de Mulán’ de Mónica Rodríguez

Balada de Mulán

La balada de Mulán de Mónica Rodríguez. Ilustraciones de Francesca dell’Orto. Editorial Edelvives, 2020. 245 x 320 mm., 48 pp., 17 €, (+ 8 años) 

Por José R. Cortés Criado.

“Los conejos saltan desde pequeños, las conejas tienen ojos risueños. Cuando los dos escapan en la hierba, ¿quién distingue al macho de la hembra?”

Mónica Rodríguez: La balada de Mulán.

Magnífica la adaptación que hace Mónica Rodríguez de la leyenda tradicional china de Mulán, esa mujer que se hace pasar por varón para acudir a la guerra. En todas las culturas existe la leyenda de una joven que decide transformarse en soldado. En aquella época, este hecho estaba reservado sólo a los hombres.

Pues en China también, y así, la joven doncella, dedicada a una vida tranquila en casa, bordando con finos hilos de seda y dedicada a contemplar la naturaleza, siente pena por su padre, un anciano, que ha sido reclutado por el emperador y debe acudir a la batalla.

Para evitar su muerte segura, ella decide reemplazarlo. Su hermana mayor no dice nada, su hermano pequeño, es demasiado pequeño para ir al frente…, en fin, que la familia acepta su determinación.

Sale de casa vestida de hombre, se equipa con su uniforme, armas y caballo y parte a ese mundo varonil donde las mujeres no tienen espacio. Llegar hasta el emperador es un viaje largo, debe atravesar valles, ríos, montañas y cuando termina su viaje tiene miedo.

Mulán no sabe si es valiente, si servirá para la lucha, si sobrevivirá…, solo sabe que es casi una niña y la vida la ha puesto en un escenario poco amable. Todos sus compañeros se sorprenden al ver a un chico tan joven en el campo de batalla. Solo los valientes se sobreponen al miedo de la guerra.

Doce años pasó batallando. Nunca nadie supo de su verdadera identidad. Todos admiraron su valentía. Cuando fueron ante el hijo del sol, los bravos soldados pensaban pedirle regalos y distinciones, Mulán añora su casa, su familia. Ante el emperador solo pide un caballo que la devuelva a su hogar.

Tras su largo y tortuoso regreso, es recibida con mucha alegría por sus padres y hermanos. Es agasajada y admirada. Cuando sus antiguos compañeros de batalla la visitan, quedan sorprendidos, nadie sospechó nunca de su condición de hombre.

El padre se emociona al saberlo. Padre e hija comprenden que mereció la pena la experiencia vivida. Salió de casa siendo muy joven. Volvió sana y salva, convertida en una mujer.

El texto está acompañado de unas espectaculares ilustraciones de Francesca dell’Orto. Casi todas las dobles página son una lámina descriptiva de suma belleza. Los paisajes tradicionales chinos está muy conseguidos, los campos de hierba fresca igual, así como los valles y montañas. Pero lo más espectacular son los rostros, con ese tono blanquecino ceniciento en los que destacan sus rasgados ojos negros.

Mención a parte merecen los ropajes. Son de una gran belleza y majestuosidad. Destacando los bordados de las telas, los tonos del derecho y revés de las piezas, los adornos del pelo, ya sean flores de nenúfares, lazos, cintas o palillos. Una multitud de detalles hacen de cada personaje un imagen digna de verse con detenimiento.

Me es muy difícil destacar un dibujo de otro, ya sea por la expresión del rostro, la multitud de teselas del suelo, las hojas de las plantas, los cerezos en flor o el dintel de la puerta. Son unas ilustraciones tan vistosas que parece sacadas de un sueño.

 

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