‘La pesadilla automática’ de Carlos Matera e Isabel Arjona

La Pesadilla automática

La pesadilla automática de Carlos Matera e Isabel Arjona. Ilustraciones de Matt. Editorial Anaya, 2019. 145 x 210 mm., 280 pp., 12,95 €, (+ 10 años).

Por José R. Cortés Criado.

 

En Colina Gris ocurre un fenómeno muy extraño, todos sus habitantes han tenido un mismo sueño. Una horrible pesadilla, todos menos una niña, Lucil, que se pasó toda la noche montando una película con sus muñecos y su mascota.

Ella quiere ser directora de cine, su padre que sea la cartera del pueblo como lo fueron todos sus antepasados. Lucil lo acompaña algunas veces en el reparto, se siente muy feliz estando con su padre, llevando noticias a sus vecinos pero, aunque le divierte ese trabajo, ella quiere crear historias y se apena porque no quiere enfadar a su padre y no se atreve a plantearle sus deseos.

Tiene un amigo que además de tartamudear, toser y resfriarse con frecuencia; padece todo tipo de alergias, pero a ella le gusta; la atracción es mutua, pero son tan tímidos que no se deciden a dar el paso. Y eso que está acabando el curso y puede que el chico se vaya del pueblo.

Y en esas estaba cuando se duerme y queda atrapada en la misma pesadilla que los demás, en lo alto de una escalera perseguida por un monstruo de color lila y unos murciélagos mientras suena una música y unos arpegios muy desagradables.

Cuando se da cuenta está al otro lado del sueño, forma parte de la industria encargada de crear los sueños para los habitantes de Colina Gris. Es muy bien recibida por su director. Poco a poco conoce al resto del personal, ya sean técnicos encargados de las maquinarias, de los decorados, de dirigir los sueños o extras que forman parte del sueño y sabe que el anterior escritor de sueños ha desaparecido y como no tienen ninguna historia nueva para los durmientes, han programado una pesadilla que tienen para casos de emergencia, de ahí que todos sueñen lo mismo.

A Lucil le proponen escribir los nuevos sueños. Ella se siente alagada y como dirigir buenas historias es lo que más anhela, no duda en aceptar el encargo y rápidamente va  creando sueños para sus vecinos, como los conoce, sabe muy bien crear el sueño ideal para cada uno.

Está tan absorta en su trabajo que de olvida de despertarse, cuando cae en la cuenta, el director, muy amable, le informa que no puede despertarse puesto que su programador de sueños está averiado y no saben cómo arreglarlo. Mientras tanto en la vida real, todos andan preocupados por su eterno sueño.

La trama transcurre entre la vida real y el sueño. Esta parte es fantástica. La imaginación de la niña hace que los sueños sean de gran espectacularidad. Todo el mundo está contento, los durmientes y los encargados de los sueños. Los lectores disfrutarán de una excelente puesta en escena de los sueños, se reirán, se sorprenderán y disfrutarán página tras página de una trepidante acción sin fin, como me ocurrió a mí.

Los autores demuestran tener una imaginación desmesurada. Cada sueño supera al anterior. Lucil no para de recrear escenas ideales para los durmientes, además sabe controlar a todos los extras que, a la mínima, están creando problemas.

Cada vez es más ágil la trama y se mezclan escenas de la vida real y de los sueños. La niña quiere volver con los suyos, pero el director no la deja porque quieren producir muy buenos sueños y así ascender de categoría. Lucil quiere volver a su mundo. Gracias a las amistades que hace en el mundo de los sueños puede ver sus deseos cumplidos.

Me ha divertido mucho la historia. La imaginación desbordante de sus autores hace que el lector siga con interés la trama y se divierta visionando en su mente las películas que monta la protagonista para los durmientes.

Buena novela de los autores de El camaleón daltónico que también está ilustrado por Matt, que no es otro más que Carlos Matera. Las ilustraciones son estupendas, llenas de vida y color, mostrándonos una serie de personajes únicos, así como un dibujo introductorio de cada capítulo. El libro está impreso con dos tintas, la negra para la vida real y la azul para el mundo onírico.

 

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