De Beatriz Fdez. Moya/ Ganadora IV edición de www.excelencialiteraria.com
Embrague. Primera. Acelerador. Culpa.
Embrague. Segunda. Acelerador. Culpa.
Embrague. Tercera. Acelerador. ¿Culpa?
Embrague. Cuarta, quinta… Nada.
Se acomodó al volante del Porsche plateado y cerró los ojos, abandonándose en brazos de su recién estrenada libertad. Podría conducir hasta que la luz del depósito se tornara rojo alerta, vender el coche en el mercado negro y comprar un billete de avión hacia cualquier parte.
Empezar de cero. Aprovechar la oportunidad por una vez…
No fue la cobardía, sino el deber lo que lo obligó a volver al lujoso hotel del que había huido. Llegó justo a tiempo. Linda bajaba con paso altivo las escaleras de mármol de la entrada. Joven, guapa y millonaria. Si solo…
-Gracias… -. Linda buscó instintivamente su nombre en la placa que pendía del bolsillo de su camisa: <<Sebastián. Botones / Aparcacoches>> -. Gracias, Sebastián.
Viajar ya no responde a un único patrón. Las escapadas cortas, los viajes de trabajo…
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