Una mañana empezó a preocuparse por su peso, porque entre los dedos de sus pies apareció un 73.
<<La materia ni se crea ni se destruye>>, le habían dicho en clase de Física.
En su caso era evidente que los diez kilos que había perdido, se estaban transformando en inquietud.
Hacía meses que decidió que la vida sedentaria no era para él. Si pretendía aguantar diez horas de estudio al día, tenía que empezar y acabar la jornada con una buena carrera que liberara la energía que no podía gastar sentado.
Se despertaba a las siete y corría quince kilómetros. Por la tarde, a las ocho, esta vez sin sueño, repetía el proceso.
Casi sin darse cuenta, llegó a los 73 kilos. Empezó a obsesionarse con la cifra, porque ya no quería pasar de ahí.
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