Relato: ‘Los de siempre’ de Lourdes Zurita

Correspondencia

 

De Lourdes Zurita / www.excelencialiteraria.com

 

Aún sigo enviando y recibiendo cartas de amigos que he conocido durante mis viajes al extranjero. Fueron ellos los que abrieron mis ojos a un mundo distinto, los que me mostraron las tradiciones de cada país, los que hicieron de mí no una turista sino una persona con una aventura que añadir a su pequeña historia.

Recuerdo a un maestro de Literatura, que me hizo comprender que en la poesía podría hallar la paz, que cada verso guarda una historia… ¡o cientos de ellas! Gracias a él supe que Pablo Neruda estaba en lo cierto cuando firmó aquello de «podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera».

Recuerdo a los amigos de la playa. De cada playa en la que cobraron vida julio y agosto como si aquellos meses fueran sólo míos. Me enseñaron que nada sabe mejor que la brisa durante las noches de verano cerca del mar, ni hay sonido más bello que el de la risa que va y viene al son de las olas y de los compases de una guitarra.

Mis amigos me hicieron amar el verano, pero también hubo quien me ayudó a entender la belleza que trae consigo el invierno. Por eso, brindo por quien me dijo que cerrase el paraguas bajo aquella lluvia.

El brindis también va por aquellos genios que me sembraron el ansia por mejorar cada día,  por aprender más de lo que creí aprendido: por comprenderlo, por exprimirlo hasta sacar de cada término lo imposible. Por ellos llegué a la conclusión de que nunca somos sabios.

Brindo por las canciones de John Lennon, por su eterno Imagine.

Jamás borrará mi mente la risa de ese pequeño. Ni el caminar de aquella extraña. Ni la melodía de aquel músico. Ni al primer amor, claro.

Lourdes Zurita
Lourdes Zurita

Ni a él, ni a ella, ni a ellos.

He aprendido tantas cosas como personas han pasado por mi vida, aunque aparentemente hayan estado junto a mí apenas unos momentos. Aquellas de las que nunca he dejado de aprender, además, son los pilares que me sustentan.

Al enviar y recibir sus cartas me hago a la idea de que el alma se enriquece con las risas, los relatos y las discusiones de siempre, en los lugares de siempre y con la gente de siempre.

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