‘Marioneta’ de Beatriz Berrocal

 

 

Marioneta de Beatriz Berrocal. Editorial Algar, Colección Algar Joven, 2019. Rústica, 110 pp., 9,95 € (+ 12 años).

Por José R. Cortés Criado.

 

«…y me convertiría en una marioneta cuyos hilos solo podrían mover ellos, y yo no quería ser la marioneta de nadie». 

Beatriz Berrocal enfrenta con éxito el tema del acoso escolar en una adolescente. El lector nada más comenzar el relato se siente parte de él y no puede dejar de leer, pero no sólo lee porque esté escrito de forma ágil y amena, no, lo hace porque vive la zozobra de la protagonista y está angustiado por saber qué desenlace le espera a la chica.

Alma es una jovencita bastante tímida, estudiante de cuarto de ESO, que sacaba muy buenas notas. La vida le sonreía como a todos los adolescentes. Le gustaba otro tímido de la clase y su mejor amiga estaba con ella.

Pero algo se torció en su vida. Cuatro compañeros, dos chicos y dos chicas, comienzan a acosarla por su éxito en los estudios. La amenazan. Debe suspender los exámenes para que la dejen en paz. No hace caso, se lo comenta a su amiga Marga y le muestra los mensajes recibidos en el móvil, que automática elimina para que nadie en su familia pueda leerlos y sepa lo que ocurre.

Y comienzan a cumplirse las amenazas, la empujan por las escaleras del instituto, la golpean, la ridiculizan en medio de las clases, la persiguen dentro y fuera del centro, la arrastran desde una moto, la pisotean…

La chica pensó que suspendiendo todo se arreglaría, pero los acosadores siempre quieren más, que si desanudarla en los servicios y dejarla atada y amordazada, que si pedirle dinero, que si dejar caer que está mal de la cabeza, que si obligarla a robarle a sus padres, que si tirarle su ropa a la piscina, que…

Alma ha perdido toda su autoestima, se ha alejado de sus amigas para no perjudicarlas, no quiere contar nada a su familia para no preocuparla más, no dice nada a los profesores, todo esto unido a la campaña de los cuatro maltratadores hacen que todos piensen que tiene problemas psicológicos, salvo sus padres y su hermana.

Como no ve salida a su situación, el único camino que vislumbra es el suicidio, llega a planearlo y se despide en silencio de los suyos. Cuando salió a la calle para llevarlo a cabo lee una pintada enfrente de su vivienda que anuncia que ahora irán a por su hermana.

Esto la hace reaccionar y decide contar a sus padres su suplicio. Estos la creen y se dirigen al instituto, ni los profesores ni el director la creen, sus amigos de clase tampoco la apoyan, todos temen ser el próximo objetivo de los malvados, hasta la policía duda de sus palabras. Incluso los padres de los cuatro acosadores denuncian a Alma por difamación.

Ahora el dolor es mayor, los acosadores pintan frases intimidatorias frente al domicilio de Alma, rayan el coche del padre, rompen los buzones y atacan a la hermana pequeña y no ven la manera de solucionar el problema. Toda la familia ha de hacer un gran esfuerzo para conseguir esclarecer el tema y poner remedio a tantos males.

La autora sabe crear angustia en el lector que termina identificándose con Alma y sintiendo repulsión hacia los acosadores, además de asombro al ver cómo reaccionan los profesores, dejando entrever que estos conocen a los alumnos conflictivos y que también han sufrido sus ataques y faltas de respeto.

El desenlace lo dejo para los lectores, pero hasta que no cerré el libro no paré de leer. No voy a decir que fue el mejor final o el más acertado, es el final de una historia contada con mucha fuerza que nos hace reflexionar.

El acoso escolar no es un tema novedoso, la novela pero sirve para ponernos en la piel de otro cuando está en una situación límite y para encontrar armas con las que enfrentarnos a ese mal que está muy presente en los centros escolares aunque no sea un tema de debate diario.

A nadie nos gustaría ser una marioneta sin vida propia por culpa de unas personas que aman hacer daño a los demás, también pensamos que eso ocurre en otro lugar y nunca nos va a tocar a nosotros, pero lo que sí hay que tener claro, y creo que ese es el mensaje, es que no hay que dejarse amilanar y que debemos tener la valentía suficiente como para afrontar el problema y saber que siempre tendremos a nuestro lado a personas que nos apoyarán.

Excelente novela que se lee a velocidad de vértigo y nos hace cavilar a cerca del acoso escolar, tema muy peliagudo y de difícil solución.

 

 

Carmen F. Etreros

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