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‘¡Qué maleducado!’ de Clare Helen Welsh y Olivier Tellec.

¡Qué maleducado! de Clare Helen Welsh. Ilustraciones de Olivier Tellec. Editorial Bruño, 2020. 250 x 250 mm., 32 pp., 15 €, (+ 3 años).

Por José R. Cortés Criado.

“—¡Ufff, vaya estropicio! ‑— exclama Cuacuá.

—¡Ay, ay…, la que hemos liado!—se lamenta Noa.”

Clare Helen Welsh: ¡Qué maleducado!

Noa es una chica muy simpática que recibe en su casa a su amigo Cuacuá, un pato, la niña se alegra de tener visita pero desde que aparece por la puerta no le agrada cómo actúa su amigo.

Entró en casa sin saludar ni limpiarse las patas en el felpudo; en cuanto vio la merienda tiró al suelo su abrigo y su gorro, puso las patas sobre la mesa y comenzó a ponerle pegas a la comida, comió sin modales, hizo comentarios desafortunados y hasta se bebió el agua del jarrón de las flores, no pudo esperar a que el cacao estuviese listo.

Noa no para de repetirse a sí misma: “¡Qué maleducado!” y está tan harta de su actitud que cuando Cuacuá ve la tarta de fresa y se lanza a por ella, Noa se lo impide, se la come y le ofrece la migajas, entonces el amigo piensa que Noa es una maleducada.

Ambos reaccionan, valoran lo sucedido y deciden modificar sus hábitos para una mejor convivencia. Al final las buenas maneras superan los problemas para que una amistad no se vea rota por naderías.

Esta sencilla historia donde aparecen solo dos personajes muestra situaciones que suelen darse entre algunos jovencitos que no calculan hasta dónde puede llegar la confianza en casa ajena.

Los diálogos son amenos, abundan expresiones corrientes y onomatopeyas para manifestar los sentimientos de ambos; incluso el ilustrador representa el enfado de la niña con un nubarrón negro sobre su cabeza. También se juega con el tamaño de las letras y el uso de las mayúsculas para los enfados, dando así expresividad a las palabras.

Los protagonistas están dibujados de forma sencilla, casi esquemática y las escenas se pintan sobre fondos blancos, eliminando decorados de interiores, destacan el pato y la niña, la mesa, las sillas, las flores y los dulces preparados para la merienda.

Los dibujos dejan ver el contorno del grafito de todos los elementos dibujados que están rellenos de colores alegres, tanto para el amarillo del pato como el rojo de la vestimenta de Noa, sin olvidar el colorido de los dulces y de las flores.

Simpático álbum ilustrado que hará las delicias de los pequeños lectores; más de uno se verá reflejado en sus protagonistas y seguro que aprenderá a modificar su conducta cuando acuda invitado a casa de un amigo.

Al final ambos aprenden a respetar al otro y a pedir las cosas por favor y utilizar palabras para pedir disculpas, como ha de ser en una convivencia normal entre personas.

 

 

 

 

Carmen F. Etreros

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