‘El poeta de Velentonia’ de Emilio Calderón y Carmen García Iglesias

El poeta de Velintonia

El poeta de Velentonia de Emilio Calderón. Ilustraciones de Carmen García Iglesias. Editorial Edelvives, 2020. 213 x 254 mm., 48 pp., 10,36 €, (+ 8 años).

Por José R. Cortés Criado.

“Te escribo y te siembro, palabra, / para que florezcas y te multipliques en los días difíciles.” Vicente Aelixandre.

Emilio Calderón, que escribió una estupenda biografía del poeta Vicente Aleixandre, La memoria de un hombre está en sus besos, vuelve a rememorarlo con este cuento infantil que nos acerca a su casa, la que adquirió en Madrid, en la calle Wellingtonia número tres. Esta calle se llama actualmente Vicente Aleixandre. El poeta sevillano decidió llamar a su vivienda Velintonia.

El protagonista de este relato es un gato algo especial, no solo por su aspecto físico, todo blanco salvo sus pezuñitas que son de un negro intenso, como si llevase botines para caminar. Este gato callejero llegó un día hasta el muro de Velintonia, Vicente lo llamó, le dio piñones, al igual que le daba a su pero Sirio y lo bautizó con el nombre de Verso.

Verso estuvo remolón los primeros días, después fue tomando confianza y terminó siendo uno más del amplio grupo de visitantes que tenía la casa; además, se aficionó a la poesía, y hasta escribe versos en su mente gatuna.

Verso tuvo la suerte de conocer a muchos de los visitantes de tan singular vivienda, escuchó tocar el piano a Federico García Lorca mientras recitaba alguno de sus versos; conoció a otro sevillano ilustre, Luis Cernuda; al joven poeta oroliano, Miguel Hernández; y hasta al chileno Pablo Neruda.

El poeta de Velintonia

También nos cuenta el gato que su amigo Vicente, amante de las palabras bonitas, decidió enterrar unos versos en el jardín para que floreciesen poemas entre los rosales, pronto, sus amigos lo imitaron y todo aquel que llegaba a la casa no se iba sin dejar plantado uno.

Entre recuerdos gatunos, vemos un joven Vicente Aleixandre tumbado en su cama mientras escribe poesías en medio de la noche, conocemos los sinsabores de la guerra en su persona, la destrucción de su casa, su reconstrucción y la llegada de nuevos rostros con similares intereses poéticos como José Luis Cano o Vicente Molina Foix.

Y, como Verso tiene siete vidas, como buen gato, vivió el esplendor de la vivienda antes y después de la Guerra Civil española y su decadencia. Sus últimos días descubre, con alegría, que un jovencito va a buscar los versos que su padre plantó en el jardín. Esto lo reconforta, sobre todo, saber que ese chico llama a la vivienda Casa de la Poesía y, también, que anota que la casa busca poeta.

Las dos últimas páginas están dedicadas a resaltar la importancia de Velintonia como Casa de la Poesía, ya que ejerció una importancia fundamental en la vida cultural española durante los más de cincuenta años que Aleixandre vivió en ella.

Ojalá este deseo sea realidad y la casa, que tantas vivencias guarda y que a tantos animó a escribir y a vivir, recobre su esplendor y sirva como refugio para almas inquietas con ganas de sembrar palabras.

Emilio Calderón escribe esta historia, a veces inventada, a veces con trazos verdaderos, para acercar a los pequeños lectores la historia de esta casa tan singular, donde habitó el poeta de la Generación del 27, que obtuvo el Premio Noble de Literatura en 1977.

El libro está escrito con mucha agilidad, se lee agradablemente y las palabras del escritor se agrandan cuando le suma algunos versos de Aleixandre o de Lorca, que sirven de armazón para la trama.

Buen acierto este cuento para rememorar a tan ilustre personaje y darlo a conocer a las nuevas generaciones de lectores, que tal vez lleguen a ser singulares poetas.

El texto se acompaña de unas coloristas acuarelas de Carmen García Iglesias, pintora, que bien documentada, refleja perfectamente la imagen de los poetas citados y de la vivienda. También sabe recrear algunos espacios interiores, con sus muebles y sus muchos libros, que parecen cobrar vida gracias a su colorido tan singular.

Muy agradables, por la placidez que reflejan, son las escenas del jardín, ya sea con una tertulia poética a la sombre del cedro, con los papelitos con versos sembrados, o con el jardín totalmente asalvajado.

Interesante libro, homenaje a Vicente Aleixandre, que gustará a grandes y pequeños, tanto si son amantes de la poesía como si no.

 

 

 

 

 

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