‘El increíble viaje de J.W.’ de Mónica Rodríguez

El increíble viaje de J.W.
El increíble viaje de J.W.

El increíble viaje de J.W. de Mónica Rodríguez. Ilustraciones de Santiago Guevara. Ediciones Norma Colombia, 2020. 160 x 230 mm, 176 pp., (+ 12 años).

Por José R. Cortés Criado.

“Sentí el corazón acelerado de Léa y supe que aquel concierto en el teatro de Viena había sido realmente asombroso, que era una experiencia maravillosa. Y también comprendí que no dejaba de ser solo eso: una experiencia más.” Mónica Rodríguez: El increíble viaje de J.W.

Desde luego que es increíble el viaje de la tuba J. W. creada en Berlín, en 1921 por Johan Walter Wieprecht, descendiente de Wilhelm Wieprecht, inventor de la tuba junto a Johann Gottfried Moritz, en el año 1835.

La narradora de la historia es la propia tuba, que desde su punto de vista nos cuenta su vida y la de los que compartieron algún tiempo con ella. Nos habla de música, de amor, de guerra, de viajes, de madurez, de familias, de amistad, de alegrías, de penas… de todos esos contrastes que conforman una vida plena.

Este instrumento musical de viento, está muy orgulloso de ser tan perfecto. La tuba ha sido creada por unas manos únicas y sus sonidos son espectaculares, por ello se siente única y destinada a ser tocada por los mejores músicos, en los mejores teatros del mundo. Es tan soberbia y tan perfecta, que cuando es comprada por un especialista, este la prueba y reconoce su excelente calidad y su magnífica perfección, pero la nota fría, le falta algo para acoplarse a él, por eso cambia de manos enseguida.

Sigue teniendo su carácter a pesar de sus avatares en la vida, se siente única y perfecta, aunque poco a poco los acontecimientos le irán domando su carácter, algo así como nos ocurre a los humanos en el transcurso de nuestra vida. Al final es una tuba feliz que alcanza su sueño cuando creía que eso ya no iba a ocurrir.

De estar con un artesano singular y pasar, brevemente, por las manos de un maestro vienés, se ve en poder de un minero francés que toca en la banda de música de su pueblo. Aquí vive un hecho histórico importante, la Segunda Guerra Mundial y un hecho personal trascendental, siente algo especial mientras la toca su dueño en estado de embriaguez. Fue algo nuevo e intenso, se dejó llevar por la pasión.

Después pasa a manos de una niña, a unos soldados alemanes que la quieren enviar de vuelta a Berlín, sufre un bombardeo y termina en una chatarrería. De aquí a manos de un niño que desconoce su nombre pero se queda prendando de ella. Se la lleva al barco donde trabaja y tras un naufragio acaba enganchada al lomo de una ballena que la suelta en la costa india.

Es encontrada por un perro, llevada a un vendedor de antigüedades y termina en manos de un joven músico enamorado, después en las de un afilador de cuchillos que toca en una banda de jazz. Muere este y la hereda su hija, que ha de desprenderse de ella y finaliza en un museo dedicado a los instrumentos musicales, donde la reencuentra el niño marinero que la tuvo en sus inicios y finaliza en las manos de su sobrina nieta que es una tubista excepcional.

Si particular y largo es su viaje, mejor y más impresionante es su viaje interior, ese que la hace sentir las emociones propias y ajenas, conocer la vida de los que la tocan, vivir acontecimientos históricos y familiares únicos, y madurar como ser antropomorfo. Sus vivencias son similares a cualquier persona. Su madurez y sus reflexiones, que aportan su punto de vista sobre la condición humana, la engrandecen

Mónica Rodríguez vuelve a sorprenderme con una novela muy bien construida y muy bien escrita. Los sentimientos están en cada página y la madurez de sus personajes los hace entrañables, ya sean seres humanos o instrumentos musicales. Sin importantes son las vidas de las personas, no se quedan atrás las vivencias entre los diferentes instrumentos que conviven en determinados momentos de la novela.

El texto se complementa con unas elegantes, serenas y emotivas ilustraciones de Santiago Guevara que nos muestran algunas escenas de la trama con los personajes claves. Me gusta bastante el dibujo de la portada y el de la tuba con su creador.

Esta novela, catalogada de juvenil, pueden ser leída por cualquier adulto; no quedará defraudado. A mí me ha gustado mucho y me ha hecho fijarme en la tuba como un instrumento musical más allá de su aspecto aparatoso y vistoso en cualquier orquesta. A mitad del libro me dediqué a escuchar música de tuba mientras leía y me gustó la experiencia.

 

 

 

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