Reseña de ‘Ben’ de Care Santos

Ben de Care Santos
‘Ben’ de Care Santos

Ben de Care Santos, Edebé, 2021. Rústica, 264 pp., 13 × 21 cm.,10,50 €.

Por Anabel Sáiz Ripoll.

 

Hay personas que no se dejan conocer y que dejan a su paso una aureola de miedo e, incluso, de extraña fascinación, aunque nunca han sido felices ni nunca han sabido qué era el amor de una familia. Esas personas se encaran al presente y luchan, de manera equivocada a veces, contra su propio futuro. A menudo son personas duras como el pedernal que parecen no tener fin, aunque, si se despistan un segundo, su extraño puzzle vital se viene abajo y se les acaba la función. Ese es Ben, a quien conocemos, de forma indirecta, de la trilogía protagonizada por Éric, «Mentira», «Verdad» y «Miedo». De alguna manera es la pieza que nos faltaba para entender toda la historia y Care Santos nos lo ofrece, aunque, discretamente, se retira y deja que sea el propio Éric el narrador y así se desgranan los hechos en torno a un muchacho cuyo único delito fue nacer. No es de extrañar que fuera un niño serio que nunca sonriera porque el peso de su infancia, de su adolescencia era demoledor.

Arranca el relato con el entierro de este chico, un joven de 24 años, al que nadie quiere recordar y al que todos le tienen miedo. Después, poco a poco, mediante capítulos muy breves y directos, vamos entrando en momentos de su vida. Conocemos a su madre, a su abuela, a su padrastro… Conocemos sus querencias, sus deseos de medrar… Conocemos los problemas que tuvo, su fama de gallito, su fama de busca problemas… Conocemos el momento exacto en que comenzó a internarse en un camino sin retorno… Pero también conocemos el afecto que sentía por Éric, por los débiles, por las causas perdidas. De vez en cuando es el propio Ben quien se asoma a las páginas con unos diálogos que mantiene con la psicóloga del centro de menores en el que estuvo interno por agredir al padre de Éric. Son diálogos furiosos, llenos de rabia, de angustia, de rencor, diálogos que piden ayuda y comprensión a manos llenas.

El libro parte de una pregunta dura y de sus posibles respuestas: «¿Serías capaz de matar a una persona?». A partir de esa reflexión dura y directa se inicia el relato que, como hemos dicho, empieza por el final, aunque eso no obstaculiza que el lector, sin aliento o conteniéndolo, quiera beberse la historia y entender, a veces incluso justificar, el comportamiento de Ben. Todos dirían que fue un perdedor, que fue un fracasado, que trapicheó, que jugó con fuego y se quemó… Todos, sí, pero solo Éric, que lo conoció bien, todo lo bien que alguien pudo hacerlo, es capaz de recomponer un retrato de soledad, de dolor, de falta de afectos, de frustraciones, de miserias.

«Ben» está escrito con garra, con rapidez, con energía, con rabia también. Mantiene una estructura que, poco a poco, va cercando al personaje, que poco a poco lo va dibujando, a la vez que se acerca al final. Conocemos de cerca a ese Ben que es el causante último de la trilogía y a todos los personajes que, de alguna manera, lo acompañaron y los vemos en un estadio anterior, cuando aún faltaba tiempo para que Éric se metiera también en problemas o, mejor aún, se hiciera cargo de los de su primo Ben. Antes creíamos que Ben, que realmente no era familia del muchacho, se aprovechó de su edad e inocencia, pero, después de leer estas páginas no sabemos muy bien qué pensar. Solo que es un relato magnífico que se compromete con la vida y que no deja ningún cabo suelto.

 

 

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