Entrevista a Julia Armfield: “Me fascina la adolescencia porque es un espacio de ansiedad e incomodidad”

Julia Armfield
Julia Armfield

Julia Armfield (Londres, 1990) ha conseguido, con su primer libro de relatos, algo al alcance de pocos: inquietar a todos sus lectores, hipnotizarlos y, al decir de algunos críticos, sembrar en ellos la semilla del horror. Con El gran despertar, la manida expresión “no deja a nadie indiferente” alcanza su verdadera dimensión.

P. Hay que tener valor para leer su libro, al menos nos fiamos de las reseñas y entrevistas que le han hecho. “Horror feminista”, dicen unos; “hipnótica y aterradora”, aseguran otros. ¿Se reconoce en esos calificativos?

R. Espero que la gente encuentre la colección alarmante o aterradora, porque creo que estar aterrado es como reconocer algo verdadero. El horror puede ser tanto un género reconfortante como perturbador, quizás porque tiene que ver con mirar detrás de la cortina y enfrentar impulsos y miedos primarios que otros géneros solo miran de reojo.

P. También dicen que es una escritora feminista, ¿lo es?

R. Hasta cierto punto, sí, aunque a menudo creo que ser una escritora queer no es lo mismo que ser una escritora feminista y que “feminismo” es un término que se utiliza muchas veces para esterilizar la ficción queer femenina. No creo que la ficción queer sea “feminista” por el mero hecho de tartar sobre mujeres.

P. Varios de sus protagonistas son adolescentes, personas que buscan su lugar en el mundo. ¿Nacen, esos personajes, de la observación o de la propia experiencia?

R. Me fascina la adolescencia porque es un espacio de ansiedad e incomodidad y también, potencialmente, un momento de transformación radical. Algunas de las mejores películas de terror como Ginger Snaps y Carrie tratan la adolescencia como un punto terrorífico, pero también liberador, en el que una se hace con un poder, a menudo monstruoso. Intenté perseguir un poco esta idea en cuentos como “Mantis” y “Primariamente salvaje”, donde se yuxtaponen el horror de la transformación física o mental y una sensación de libertad, de convertirse en uno mismo. En el cine y la literatura el poder femenino desatado se suele relacionar con la transformación y lo monstruoso, ¡de modo que lo que hago es seguir una tradición muy establecida!

P. La rareza está presente en todo el libro El Gran Despertar. ¿Es una manera de ver el mundo? ¿Le cuesta pasar al otro lado para ver las cosas como las escribe? ¿Qué impulsa a un escritor a retorcer la realidad hasta convertirla en algo extraño? ¿Cuál es el objetivo de ese registro literario?

R. Me gusta describir mi escritura como realismo por ausencia, es más fácil para mí enfrentar emociones y miedos reales cuando todo el resto es visto desde un ángulo ligeramente distorsionado. El realismo mágico me permite la distancia para enfrentar cosas que de otra manera me resultaría complicado mirar. Me gusta imaginar las reacciones que personas comunes podrían tener a sucesos extraños, porque creo que por más lejanos de lo normal que sean las cosas, las personas están programadas para asimilarlas con una rapidez asombrosa.

P. ¿Ha seguido escribiendo en este registro, relatos góticos (no sé si es una descripción que le guste)?

R. Me encanta el término “gótica”, creo que como escritora es difícil que no me encasillen, pero “gótica”, como término, ¡no me pesa para nada!

P. Me asombra la fijación por los detalles… ¿Es así en la vida cotidiana o es la actitud de una escritora que cree que todo está en las minucias?

R. Es un poco perverso, pero creo que cuanto más detallista y específico sea un escritor, más universal el impacto que genera. A menudo me parece que es más difícil relacionarse con una escritura muy general y poco específica que con una escritura que invoca una escena o una imagen muy particulares. Cuando algo es específico y detallado se vuelve real y despierta empatía, lo haya experimentado el propio lector o no. También creo que los objetos y los detalles pequeños se pueden utilizar en la escritura como una especie de tótems –el protector dental de Leonie en “El Gran Despertar”, los anillos de Miriam en “La recaudación”– y que estas cosas ayudan a crear personalidad y reconocimiento.

P. He leído que Lovecraft es una inspiración para usted… ¿Cuáles son sus referencias?

R. Mis referencias son predominantemente visuales y menos literarias. Lovecraft y MR James me influencian bastante, pero en términos de referencia directa, me influencian mucho más las películas de terror y en mi obra intento constantemente recrear escenas y tonos de películas que me gustan. Mi forma de escribir se basa a menudo en imaginar primero una escena o una imagen y luego construir la trama alrededor, y creo que es porque estoy muy inmersa en el cine. Me inquietan mucho el horror corporal y las imágenes intensas en las películas de Argento, amo el cine slasher de los 80, The Texas Chainsaw Massacre y el trabajo de Mike Flanagan. Me encantan las películas que reconocen que el horror puede ser interno, que el horror es a menudo la familia, el cuerpo, la norma, más que las invasiones desde el exterior.

El Gran Despertar
El Gran Despertar

P. En la edición inglesa, el título del libro, Salt Slow, es el del último relato; en la española han elegido The Great Awake.  ¿Cree que el cambio de título altera la percepción inicial del lector?

R. Me pareció interesante, especialmente porque Salt Slow (“Lenta Sal”) es una narración apocalíptica, pero el cuento The Great Awake” (El Gran Despertar) refleja mucho más de cerca la sensación semi apocalíptica de los tiempos que vivimos ahora mismo. Es un cuento sobre el colapso urbano y una normalidad alterada. Aborda la rapidez con la que las personas se adaptan a un cambio aparentemente arrollador y el modo en el que las versiones viejas de la vida pueden parecer asombrosas cuando se miran en perspectiva. Ha sido interesante recalibrar la colección con este cuento en la delantera.

P. Imagino que triunfar joven en el mundo de la literatura era un sueño… confío en que no se haya convertido en una pesadilla. ¿Cómo lo lleva?

R. ¡Lo llevo bien! Creo que la clave es reconocer que una vez concluido y publicado el libro, no lo controlas y tampoco controlas la forma en que las personas lo interpreten ni sus reacciones. Aceptar eso facilita mucho las cosas.

 

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