Entrevista a Lidia Pujol: “Cada paso en mi vida es un paso en mi obra”

Conversando con Cecilia
@JaumeAragay

El próximo 17 de septiembre, Lídia Pujol presenta en la Sala Berlanga de Madrid Conversando con Cecilia; tres días después, en la Feria del Libro (Biblioteca Eugenio Trías), pondrá su trabajo en relación con un libro, El último verano de la URSS, de Sara Gutiérrez, que parece del todo ajeno, pero con el que tiene innumerables puntos de encuentro. Así, sigue los pasos de Cecilia, cuyas canciones invitan a trascender los bandos, a hablar de verdadera y profunda fraternidad humana.

P. Después de una larga trayectoria de música tradicional y religiosa, ¿cómo surge Conversando con Cecilia?

R. Mi trayectoria empezó siendo algo ajeno, música y referentes anglosajones, americanos… de todo menos propios. Religarme a mi propia cultura ha sido un camino hecho de palabras de barro y vulnerabilidad, que buscan la Luz a través de la música. Toda mi trayectoria está fundamentada en la búsqueda y la interpretación personal de la indisociabilidad de las palabras Amor y Libertad.

Hace ya casi cuatro años que una canción de Cecilia se hizo presente en unas circunstancias sobre las que ella escribió y cantó como nadie: le tocó nacer en un entorno de privilegio y educada en democracias por causa de su padre (embajador español en el mundo) y, a su vez, le tocó nacer en un país cuya normalidad era una dictadura. Su visión anarquista de libertad, “yo no soy libre si los demás no son libres”, evidenciaba la contradicción que vivía en sí misma. De esa admirable dicotomía, surgieron canciones que invitan a trascender los bandos, a hablar de verdadera y profunda fraternidad humana.

P. Recuperas versiones originales de canciones censuradas, pero también algunas prohibidas, ¿cómo fue el proceso de conocerlas y seleccionarlas?

R. Deseando conocer no solo la obra, sino la persona que hay detrás de la obra, rastreé con máxima atención todo cuanto hay en las redes de ella (entrevistas, ensayos, maquetas, discos oficiales y remezclas). También, a través de personas que la conocieron o la admiran con profundo respeto, he podido conversar sobre el contexto que le tocó vivir y del que hoy, con nuevas posibilidades de relación, vivimos su reflejo. Una vez empapada de lo que me precede y me resuena, tomé las canciones tal como las fue creando en su intimidad y las revestí arropada por los productores y músicos que entendieron magistralmente mi propuesta: cuando en una canción hay letra manda la letra y todo se dispone a su servicio.

P. Tengo entendido que el confinamiento influyó de alguna manera en el preciosismo de los arreglos, ¿cómo?

R. Parar nuestra actividad motriz convirtió lo que tenían que ser unas mezclas hechas, por razones presupuestarias, en una sola semana en un trabajo de tres meses. El maestro Aniol Bestit y yo jugamos, soñamos, hicimos el espacio sonoro de las escenas cotidianas de sus canciones con el fin de propiciar la más adecuada comunicación de cuanto nos cuentan y nos interpelan.

Conversando con Cecilia
@Jaume_Aragay

P. Desnudas las versiones que conocemos de sus arreglos festivaleros para servirnos unas letras llenas de contenido, ¿tanto valor tienen las letras de Cecilia?

R. Tanto valor como quieras darle a tu propia vida en tanto que forma parte del gran reto de la humanidad: la comunidad humana. Puede ser Nada de nada o todo, tú lo decides a cada paso.

P. Nos descubres, por ejemplo, Cíclope, ¿por qué?

R. Sí, Cíclope fue censurada. Desde el monstruo de un solo ojo, la televisión de su época, nos habla proféticamente no solo del poder absoluto que hemos concedido a los medios de comunicación en nuestros días, sino también de la calidad de nuestra comunicación en tanto que todo lo hacemos a través de este intermediario. La tecnología, cuando está a nuestro servicio, es una maravilla, pero sin educación y parámetros resulta peligrosamente adictiva. Escuchar su letra con atención enciende luces de consciencia.

P. ¿Y Soldadito de plomo?

R. Igualmente censurada en su época y evidentemente antibelicista, tiene, como todas sus canciones, una lectura desde la profunda e infinita necesidad del ser humano: ser aceptado y reconocido por quién es, no porque tiene más que los demás y obedece sin pensar.

Me parece escuchar una voz a lo lejos de una niña que le dice a su padre que, para para amar y ser amado, no hace falta que tenga que luchar por un general de madera, ni lucir condecoraciones, ni hacer lo que otros esperan de él. Esta letra es para mí una invitación a la libertad del que piensa distinto, a la fraternidad más allá de los “míos” y siempre empezando por tomarse en serio a uno mismo, en tanto que se considera un agente responsable y activo de su propia vida.

P. ¿Se han quedado temas de Cecilia pendientes de recuperar?

R. Sí, Yo me iré de aquí, Desperté y Testamento me interesan mucho. Mi ciudad me parece, como Cíclope, una voz profética. El fragmento que dice “Si pudiera haber soluciones, respirar sin pulmones, crecer sin jugar, no estaría mal vivir en mi ciudad”. Pronto, quienes tengan dinero podrán respirar sin pulmones en este aire irrespirable que estamos propiciando con el consumo de un capitalismo sin medida.

P. ¿Intuyes ya el próximo eslabón de tu carrera musical o, de momento, todas tus energías están puestas en este Conversando con Cecilia?

R. Ni idea. Cada paso en mi vida, que es lo mismo que en mi obra, es fruto de alguna señal que me indica el camino, todo se andará. El caso es andar.

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