Crítica de ‘Las Leyes de la Frontera’, aproximación tardía al cine quinqui por el director de ‘Celda 211’

Las Leyes de la Frontera

Las Leyes de la Frontera

Los tiempos del cine quinqui, como los de tantos y tantos géneros nacidos de determinados contextos sociales, ya pasaron. Quienes lo conocieron lo recuerdan con la nostalgia de aquellas épocas de juventud en las que tanta polémica levantó. Quienes no lo conocimos, lo vemos como un vestigio de algo ajeno y tremendamente atractivo a lo que asomarnos de vez en cuando. Aquellos lejanos años 70 y 80, décadas cargadas de incertidumbre y delincuencia. Pero Daniel Monzón (Celda 211, El Niño) ha decidido que a nostálgico no le gana nadie, y con Las Leyes de la Frontera nos hace subir a una máquina del tiempo para volver a saborear los jugos de un cine tan arraigado a la sociedad española como el flamenco, los bares o la tortilla de patata.

En Las Leyes de la Frontera viajamos hasta Girona en el verano de1978. Allí un adolescente inadaptado, Ignacio Cañas (Marcos Ruiz), sobrevive como puede evitando palizas y refugiándose en la sala de recreativos del barrio. Su amilanada vida cambia de golpe cuando conoce al Zarco y a Tere, un par de delincuentes del barrio chino que le aceptan en su pandilla. Nacho conocerá así los estratos más bajos de la sociedad, descubrirá el amor, las drogas, la adrenalina y los riesgos de una vida al margen de la ley. La cinta se estrena el 8 de octubre de 2021 y os anticipo que desde la butaca del cine se vive el viaje del ingenuo protagonista con la misma adrenalina que él.

Las Leyes de la Frontera

Un joven buenín que no ha roto un plato nunca se siente atraído por un mundo de aventura al que, en el fondo, no pertenece. Hemos visto esa historia miles de veces. Y sin embargo el gran valor de la película es precisamente la forma que tiene de construir su relato. Nacho descubre muchas cosas, la podredumbre de un sistema anquilosado, lo fácil que es pasarlo bien sin pensar en las consecuencias, la rebeldía frente a lo que nos ha tocado vivir, y el amor. Sobre todo el amor. Porque si algo es Las Leyes de la Frontera es una sutil historia de romance.

La película como conjunto es fascinante, pero lo que más destaca es ese primer enamoramiento de un chaval por una chica a la que ve inalcanzable. Y buena parte de la culpa de que nos atrape esta historia la tiene Begoña Vargas, que se destapa como uno de los grandes talentos de su generación. Su personaje, Tere, es misteriosa, fuerte, empoderada, independiente y rodeada de un aura irresistible para el bueno de Nacho. A partir de ahí, con los tiempos perfectamente medidos, Las Leyes de la Frontera poco a poco nos va presentando un nuevo mundo de personajes llenos de inquietudes y contradicciones. Y con ellos crecemos, porque no dejan de ser jóvenes buscando su sitio.

Las Leyes de la Frontera

Uno de los grandes puntos fuertes de Las Leyes de la Frontera como heredera del cine quinqui es precisamente que no duda en contar las cosas a su manera. No necesita copiar, el cine de Eloy de la Iglesia o José Antonio de la Loma es su inspiración, no su boceto original. Adaptación de la novela de Javier Cercas, toda la película está bañada en ese aire nostálgico de unos tiempos que sabemos que no volverán. Además, la ambientación es sensacional y consigue atrapar desde el primer instante. Quizá el gran pero que se le puede achacar es que, a medida que todo se va encrudeciendo para la banda, el ritmo de la película se hace más precipitado. Si en los dos primeros actos el filme se toma su tiempo para tener una base sólida, en el último se deja llevar por su propia prisa y cae en errores que hacen ver algunas costuras de planteamiento.

En resumidas cuentas, Daniel Monzón confirma sus ansias de trascender en el cine español actual con una nueva obra muy notable que se convierte en la verdadera heredera del cine quinqui más auténtico. Las Leyes de la Frontera parece una película hecha hace 40 años, en el mejor de los sentidos posibles. La historia de Nacho ya la hemos visto, pero cuando algo se cuenta con tanto mimo, no importa volver a recorrer esos senderos. Rebeldía, amor, atracos, supervivencia… Todo confluye en una nostálgica cinta sobre aprender a vivir en los márgenes donde, dentro del acertado reparto, Begoña Vargas brilla con luz propia.

 

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