Entrevista a Paul Pen: “Escribir esta novela ha sido tan duro como emocionante, y tan triste como bonito”

Paul Pen
Paul Pen

A Paul Pen (Madrid, 1979) le intriga que las víctimas de determinados sucesos, sucesos terribles, no se tomen la justicia por su mano. También quería saber cómo se supera algo así. Por eso decidió meterse en la piel de una madre que sí decide vengarse. El resultado es La metamorfosis infinita (HarperCollins Ibérica).

P. Esta es la novela de una venganza. ¿Una manera de entender la justicia poética?

R. He querido experimentar, y que el lector experimente conmigo, lo que ocurriría si la madre de una de esas víctimas de crímenes tan salvajes e injustos que vemos en la vida real, decidiera que no está dispuesta a aceptar lo ocurrido sin tomarse la justicia por su mano. Ya que en la vida real sabemos que es incorrecto hacerlo, al menos la ficción nos puede servir para asistir a ese escenario de venganza que a todo el mundo se le puede cruzar por la cabeza en un momento dado.

P. Asistimos a la reacción, amorosa y brutal, de una madre doliente. Sin embargo, en la vida real las venganzas apenas se dan.

R. Es curioso y hasta cierto punto sorprendente –y también positivo, claro– que no haya tanta gente que se tome la justicia por su mano, cuando es un sentimiento fácilmente entendible, sobre todo si pensamos en familiares de víctimas de crímenes realmente crueles, injustos e irracionales. Es una pregunta que me hago al escuchar sobre estos sucesos, cómo se supera algo así, y por eso quise meterme, en primera persona, en la mente de una madre que sí decide vengarse. Es ella la que nos cuenta la historia y eso ha hecho que la novela sea un intensísimo viaje emocional en el que describe desde los sentimientos más terribles de desesperación y odio hacia los agresores, hasta los más bonitos y poéticos al recordar a su hija Alegría.

P. Mezcla varios temas que son de candente actualidad: manadas, redes sociales, justicia a veces injusta. ¿Le duele el presente que le ha tocado vivir? ¿Aspira a denunciarlo o a reconfigurarlo?

R. Aspiro a observarlo y a tomarlo como inspiración, nada más, no creo que tenga el poder de denunciarlo ni mucho menos de reconfigurarlo. Además, esos temas de actualidad en realidad los tomo como elementos para contar una historia que en el fondo habla de cosas más universales y atemporales: el amor de una madre hacia su hija, la indignación ante la injusticia o, en el caso de Alegría, la importante lección de aprender a ser agradecidos y optimistas con la vida que tenemos.

P. ¿Ha analizado el fenómeno de las manadas?

R. Analizado como tal, no, creo que esa es una labor muy compleja que no compete a un escritor, pero sí lo he usado como inspiración por tratarse, precisamente, de un crimen tristemente verosímil en estos tiempos. En la novela, además, la agresión tiene ciertos matices que no se desvelan en la sinopsis y que la dotan de diferente significado y gravedad.

P. Como miembros de esta sociedad, vivimos de sobresalto en sobresalto, nos indignamos una y otra vez, pero (no puede ser de otro modo) acabamos pasando página. ¿Sirven de algo esas reacciones masivas y breves?

R. Es muy difícil valorar su utilidad, aunque probablemente de menos serviría no hacer nada, aunque solo sea sobresaltarse. En la novela, he tratado de reflejar también este aspecto, esa reacción brutal de la sociedad a ciertos sucesos y cómo esa indignación, en efecto, es pasajera o va en oleadas. Al escribir desde el punto de vista de la madre de Alegría, me ha permitido imaginar cómo vivirán los familiares de las víctimas ese exceso de atención momentáneo y el posterior olvido, y casi he podido sentir el calor de ese apoyo inicial, pero también la soledad del posterior abandono.

La metamorfosis infinita
La metamorfosis infinita

P. Esta es su quinta novela. ¿Qué queda del Paul Pen que se estrenó hace cinco títulos, hace algo más de 10 años? ¿Qué ha cambiado y nunca volverá?

R. De las ganas de escribir y contar historias no ha cambiado nada, supongo que lo que se pierde siempre con el paso de los años es un poco de inocencia. O quizá se gana sabiduría y madurez. Lo que está claro es que acabas conociendo mejor el sector editorial, todo lo que hay detrás de la experiencia romántica de leer, y eso es siempre un poco como descubrir quién es realmente el mago de Oz.

P. Sus novelas son muy cinematográficas, al menos tres han saltado o van a hacerlo a la pantalla. ¿Escribe pensando en ese salto?

R. No escribo pensando en ese salto, pero sí me gusta que ocurra y sí procuro activamente que así sea una vez que publico las novelas. Me gusta mucho ver crecer a mis libros y verlos convertirse en algo diferente, una película que puede llegar a otra gente que acabe atraída al material original. Yo he conocido a muchos autores gracias a haber visto primero la adaptación de alguno de sus libros, así que espero que eso ocurra también con mis adaptaciones.

P. La novela es difícil de leer, por dura y exigente. ¿Fue difícil de escribir?

R. Ha sido tan dura como emocionante, y tan triste como bonita. He estado muchos meses metiéndome en la piel de una madre destrozada por el dolor y eso me ha obligado a escribir con mucho odio y mucha rabia. Por suerte, ahí ha estado Alegría en todo momento para traer la luz, la esperanza y la belleza de las mariposas que tanto le gustaban. Escribir los pasajes en los que la madre rememoraba a su hija ha sido un bálsamo constante dentro de la terrible historia de venganza que cuenta la novela.

 

 

 

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