Juliana Echeverri, autora de ‘Los grises sobre el lienzo’: “Cuanto más escribo, menos sé; esa es la magia de la vida”

Juliana Echeverri
Juliana Echeverri

Dedicada a la docencia y al periodismo, la vida de la colombiana Juliana Echeverri parecía destinada a desembocar en la escritura algún día. Cuenta que fue su hijo Cristóbal quien «le devolvió la pluma», esa que utilizó para plasmar en Los grises sobre el lienzo una historia sobre la condición humana y los entresijos de la mente.

P. ¿Disfrutas más escribiendo historias o columnas de opinión?

R. Dejé de escribir historias (lo hacía en el colegio) hasta que nació Cristóbal, mi primer hijo. Con él, me atreví a retomar el género porque en el mundo de los niños todo se vale. Escribir columnas para mí es muy fácil y pues no hay más argumento que lo que pienso, entonces ya está. En cambio, las historias… ¡uf! Tienen que ser creíbles a pesar de ser ficción o fantasía. Pero de los dos, me quedo con las historias.

P. Hay escritores que afirman que escribir les sirvió sobre todo para conocerse verdaderamente en profundidad. ¿Ha sido también tu caso?

R. Sí siento que me conocí, pero al final sentí que es muchísimo más lo que me falta por conocer. Para mí, escribir se convirtió en una forma de formular preguntas más que respuestas, así que cuanto más escribo, menos sé. Puede sonar complejo y frustrante, pero en realidad yo pienso que esa es la magia de la vida. Si todo lo entendemos, si todo lo explicamos, no habrá nada en lo que valga la pena creer.

P. ¿Qué te gustaría transmitir a los lectores con Los grises sobre el lienzo?

R. Que las cosas son como uno las quiere ver, pero eso no anula la perspectiva de los demás.

P. En Los grises sobre el lienzo hablas de temas sociales como la drogadicción, los abusos, la discriminación… ¿Te encuentras con muchos casos de este tipo en tu labor como docente?

R. No solo como docente. Como empleada, como miembro de familia, como mujer… Lo que pasa es que no llamamos a las cosas por su nombre. El tema del consentimiento, por ejemplo, es algo que se omite cuando existe una relación afectiva entre dos partes. Un esposo puede violar a su mujer. Una amiga puede abusar de su mejor amiga, o un profesor de su alumno. Un padre o una madre pueden infligir dolor en sus hijos. Pero les damos permiso para hacerlo porque ser familia o ser amigos remueve los límites.

P. Tu libro tiene una portada muy personal y original, cuéntanos un poco qué significa.

R. La portada hace referencia al Guernica con dos elementos que para mí son muy importantes: el toro herido, que en la novela simboliza la vulnerabilidad y el coraje, y la luz en forma de ojo, a la que le he dado muchos simbolismos (algunos también descritos en la novela). Hay también otro ojo, lo que define el cubismo como diferentes ángulos o miradas.

Los bloques grandes, que además se repiten en la partición de capítulos, son unas fichas de dominó. Así describe Violeta, la protagonista, cómo funciona su memoria: un recuerdo la lleva a otro y ese a otro y ese a otro… Y así defino yo la escritura: una pregunta me lleva a otra y esa a otra y esa a otra…

P. Alguna vez has dicho que inventabas cuentos para tus hijos. ¿Podría decirse que a ellos les debes el desarrollo de tu vena literaria?

R. Siempre he tenido la destreza y el talento para escribir. Desde muy chiquita, varios profesores me insistían en que lo hiciera. De hecho, una vez, la profesora de inglés nos puso a leer El Señor de las moscas. A mis 17 años, tenía muchas otras cosas que hacer, así que no leí el libro, pero renté la película. En el examen, ella, obviamente, hizo preguntas que le permitirían saber quiénes no lo habían leído, y ahí caí yo. Cuando me entregó la nota, me puso un 10/10 y la siguiente frase: “I know you didn’t read the book but you sure can write”. Años después, en mi maestría en Urbanismo, el profesor de Geología nos puso a hacer un trabajo sobre las quebradas en Medellín. Yo no sabía nada de torrentes ni de retiros ni de hidráulica, así que perseguí un cuerpo de agua desde su nacimiento hasta su desembocadura en el río Medellín e hice un diario de campo. El profesor me puso 5/5 y una nota que decía: «Leerte me hizo recordar a Julio Verne en su Viaje al centro de la Tierra».

Podrán sonar ligeras, pero estas dos anécdotas fueron las que vinieron a mi mente cuando nació Cristóbal y me devolvió la pluma. Sabía que tenía con qué y que debía poner mis letras al servicio de mis lectores.

Juliana Echeverri
Juliana Echeverri

P. ¿Sientes una admiración especial por Picasso y el cubismo?

R. Sí. Picasso, a través del cubismo, dibujó la vida misma: momentos atemporales y cotidianos que pueden ser interpretados según los vea cada espectador.

P. ¿A quién te haría una especial ilusión que le gustase tu libro?

R. El arte es subjetivo y entiendo que muchas personas que incluso amo quizás no gocen con la historia. Es más: quizás no la lean. Yo no escribí la novela para nadie ni para nada. No me levanté un día pensando: «Voy a escribir una novela». De hecho, ni sabía que sería una novela hasta pasadas unas decenas de páginas. Tampoco sabía el género. Los últimos libros que me había leído habían sido una novela de fantasía y una novela distópica de ciencia ficción, entonces estaba muy influenciada porque algo «anormal» fuera a suceder (lo que nunca sucedió). Soltar esa idea y entender que mi novela hablaba de todo y no concluía en nada fue muy difícil.

Así que cada lector para mí será un pedacito de tierra fértil donde crecerán mis semillas y por eso estaré eternamente agradecida con quien le dedique el tiempo y el cariño.

 

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