Les Ballets de Monte-Carlo estrena ‘Coppél-i.A’, versión robótica de la fábula

Coppél-i.A
Fotografía de escena de Coppél-i.A / ©Alice Blangero

Les Ballets de Monte-Carlo, bajo la Presidencia de S.A.R. Princesa de Hannover, exhibirán en Teatros del Canal del 5 al 8 de enero una reinterpretación de la fábula de Copelia, el famoso ballet de Léo Delibes, que en versión robótica, con el título de Coppél-i.A, dirige en su estreno en España el responsable de la compañía monegasca Jean-Christophe Maillot.

Copelia es uno de los pocos ballets del siglo XIX que ha llegado hasta nuestros días sin interrupción y sigue representándose. El argumento de la obra se basó en el cuento de E.T.A. Hoffman El hombre de arena, con música de Delibes. El estreno se produjo en 1870 en la Ópera de París.

El coreógrafo francés y director de Los Ballets de Montecarlo desde 1993 cuenta que la idea de crear un ballet en torno a Copelia surgió en 2016, aunque ya albergaba ese deseo tiempo atrás. Sobre ello tenía pensamientos ambivalentes: “Aunque me fascinaba la historia de un joven que se enamora de una muñeca mecánica, me desanimaba un poco el romanticismo del ballet original”.

Para salvar sus dudas actualizó la narrativa concibiendo una historia de dos prometidos cuyo amor se vería desafiado por la aparición de la inteligencia artificial, en un momento en que esta “se ha inmiscuido de tal manera en nuestra vida cotidiana que muchas cosas han perdido su carácter sagrado”. No obstante, el ballet de Maillot no juzga a la inteligencia artificial. “Si por casualidad tuviera que emitir una crítica -afirma-, sería más contra la realidad virtual que tiende a aburrir y estandarizar nuestro entorno”.

“En Coppél-i.A., la inteligencia artificial es utilizada como un revelador de nuestras emociones -explica su director-. En mi ballet, todos los personajes aprenden una verdad, agradable o destructiva, pero el que más cosas descubre es innegablemente Coppél-i.A. A diferencia del ballet original que lo convertía en un ser inanimado, Coppél-i.A. es un personaje pleno. Se mezcla con la sociedad, con los humanos, descubre su mundo y llega a sentir las premisas de una forma de amor”.

Al director de Los Ballets de Montecarlo le removieron el pensamiento algunos libros en los que halló ideas e inspiración para su montaje. Cita La futura Eva, de Villiers de l’Isle-Adam, una historia “extrañamente cercana a la historia de Copelia, pero con una dimensión fáustica que la hace mucho más valiente”.

Otra de las obras que menciona, en esa venta fantástica e inquietante es El hombre de arena, de E.T.A. Hoffman, de donde partió el ballet original y un texto “particularmente oscuro. Desafortunadamente todo lo que tenía de aterrador se ha diluido significativamente”. Finalmente, alude a La obsolescencia del hombre, de Günther Anders, quien hace la “implacable observación de nuestra propensión a utilizar la tecnología para calmar nuestras neurosis más triviales y nuestro miedo a la muerte”.

Cuando Maillot se incorporó a Los Ballets de Montecarlo, la compañía contaba con unos 8 años. Se había creado en Mónaco gracias a la voluntad de SAR la Princesa de Hannover. Antes de Maillot la dirigieron Ghislaine Thesmar y Pierre Lacotte, y Jean-Yves Esquerre.

Jean-Christophe Maillot llevó a la compañía a una nueva dirección. Creó más de 30 ballets, varios de los cuales entrarían en el repertorio de importantes compañías internacionales, como Vers un pays sage (1995), Romeo y Julieta (1996), Cendrillon (1999), La belle (2001), Altro Canto (2006), LAC (2011), CHORE (2013), La fierecilla domada (2017), Abstract/Life (2018) o Core meu (2019).

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