Iraya Books

De la foto al personaje: ejemplo de un cuento de Iraya Books

Os proponemos seis títulos que llevan años en catálogo y aguantan sin problema la relectura número cuarenta, y una idea para que el niño sea el protagonista de su propio cuento.

Regalar un libro a un niño pequeño tiene una ventaja sobre casi cualquier juguete, y es que se usa acompañado. Según el último Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros de la Federación de Gremios de Editores, presentado el pasado enero con el Ministerio de Cultura, en el 77,2 % de los hogares con menores de seis años los padres les leen libros. Entre los seis y los nueve años la ratio de lectores alcanza el 79,4 %, con una media de tres horas semanales. Un buen álbum ilustrado es, sin duda, la mejor manera de alimentar esos ratos.

Hemos dejado fuera las novedades de temporada y nos hemos quedado con títulos que se encuentran en cualquier librería y que los niños piden una y otra vez, que al final es la mejor prueba de que un cuento funciona. Van ordenados por edad orientativa, porque cada niño lleva su ritmo.

De 0 a 2 años: libros para tocar (y morder)

Eric Carle publicó ‘La pequeña oruga glotona’ en 1969 y sigue siendo el primer libro de muchísimas casas. Para esta edad os recomendamos la edición de cartón de Kókinos, con las páginas agujereadas por donde la oruga va comiendo de lunes a domingo. Además de la historia, los niños aprenden los días de la semana y los números casi sin darse cuenta.

Otro imprescindible es ‘El pollo Pepe’, de Nick Denchfield y Ant Parker (SM), un libro desplegable de muy pocas páginas que termina con un pollo enorme saliendo del libro. Os lo pedirán tres veces seguidas. Eso sí, las solapas sufren bastante, así que mejor regalarlo nuevo.

De 3 a 5 años: para leer en voz alta

¿A qué sabe la luna? Una tortuga, un elefante, una jirafa y otros animales se suben unos encima de otros para averiguarlo en ‘¿A qué sabe la luna?’, el álbum de Michael Grejniec que publica Kalandraka (16,50 €, recomendado a partir de tres años). La estructura acumulativa invita a que el niño adivine quién viene después, y las ilustraciones, con esa textura de papel rugoso, se quedan en la memoria.

‘Vamos a cazar un oso’, de Michael Rosen y Helen Oxenbury (Ekaré), es un cuento para leer con gestos y con voces: hierba que cruje, barro que chapotea, un río que hay que cruzar y, al final, una cueva y una carrera de vuelta a casa. La editorial lo recomienda a partir de tres años, pero es de esos cuentos que los mayores de la casa también disfrutan.

De 5 a 8 años: ya leen solos (o casi)

En ‘El Grúfalo’ (Julia Donaldson y Axel Scheffler, Bruño) un ratón se inventa un monstruo para librarse de los animales que quieren comérselo y luego se lo encuentra de verdad. El texto, rimado en el original inglés, tiene un ritmo que los lectores que empiezan siguen sin cansarse, y el bosque de Scheffler está lleno de detalles para mirar con calma.

‘Donde viven los monstruos’ cumple este año sesenta y tres. Maurice Sendak lo publicó en 1963, al año siguiente ganó la medalla Caldecott y en Estados Unidos hubo bibliotecas que lo retiraron por considerar que daba miedo. Hoy lo publica en castellano Kalandraka y es un clásico sobre la rabieta y el perdón: Max se disfraza de lobo, lo mandan a la cama sin cenar y se escapa a la isla de los monstruos. A partir de los cinco años funciona especialmente bien leído por un adulto sin prisa.

Cuando el protagonista es él (o ella)

Para el niño al que le cuesta engancharse a los cuentos hay otro camino, que es verse dentro de la historia. Los libros personalizados llevan años haciéndolo con el nombre, y ahora algunos lo hacen también con la cara. Es el caso de Iraya Books, que dibuja al personaje a partir de una foto del niño y lo convierte en el protagonista de un cuento de 33 páginas en tapa dura (39,99 €). Antes de pagar nada se puede ver gratis cómo queda el cuento personalizado con su foto, y cada libro lo revisa una persona antes de imprimirlo. Para Reyes conviene pedirlo con margen, porque tarda entre siete y nueve días laborables en llegar.

No sustituye a Sendak ni a Carle, y el resultado depende de la foto que se envíe, pero es de los pocos regalos que un niño de cuatro años abre y entiende al momento de quién va. Y si dudáis entre dos títulos, preguntad en la librería del barrio, que suelen acertar más que cualquier lista.

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