Entrevista a Mónica Rodríguez por ‘Amelia y las abejas’: “Me encanta ponerme en la cabeza y el corazón de un niño”

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Mónica Rodríguez en la Escuela de Escritores de Madrid

Las abejas son fundamentales para que existan los ecosistemas y de hecho están desapareciendo y es una de las grandes amenazas para el mundo. No se sabe muy bien si está relacionado con los pesticidas, los móviles, las antenas… 

 

Por Carmen F. Etreros.

Esta semana llega a nuestras librerías la novela juvenil Amelia y las abejas de la escritora Mónica Rodríguez publicado por Edebé. Una novela muy original que nos habla de la amistad, del primer amor y de la desconocida vida de las abejas. Charlamos con Mónica de su libro y de su amor por la literatura infantil y juvenil.

P. ¿De dónde surge la historia de Amelia y las abejas? ¿Qué te inspiró esta historia?

R. Amelia y las abejas nace porque yo conocía a una familia de apicultores que tenían miel desde hace muchos años y un día a ella le picó una abeja y descubrió que era muy alérgica a las abejas. Tanto que cuando yo la conocí ella iba con una inyección de adrenalina, no podía ir en bicicleta… Y a mí esa situación de ser apicultor y tener la posibilidad de morirte por las abejas, por tu trabajo… me sorprendió. Además, era una pareja que se quería muchísimo y a mí me pareció una buena historia para escribir.

Yo desconocía totalmente el mundo de las abejas. Leí el libro del premio Nobel Maurice Maeterlinck La vida de las abejas que habla del mundo de las abejas con un lenguaje muy literario y me resulto muy interesante. Además, fui a Colmenarejo al Aula de las Abejas de Gerardo Pérez donde hay una sala con colmenas y él entra dentro y mete la mano dentro del enjambre de abejas y saca las abejas en su mano. A mí todo eso me pareció fascinante.

P. La protagonista Elena pasa unos días en casa de su tío Abelardo, en El Enebro, un pueblo pequeño, ¿qué encuentra en el pueblo?

R. Es una situación inicial para contar esta historia: una persona de ciudad que tiene miedo a las abejas. Cuando va al campo y ve una abeja sale corriendo gritando. A partir de esta situación va descubriendo lo fascinante que puede ser la vida de las abejas y también del pueblo. El ritmo diferente, el descubrimiento del amor a través de las historias de sus tíos y del primer amor en un pueblo sin móvil sin wifi.

P. Además, conoce a Ambrosio que se convertirá en un nuevo amigo, ¿cómo surge esa amistad tan diferente a sus amigos?

R. Son totalmente opuestos. Él cuando se pone nervioso no habla y ella al contrario no para de hablar. Quería enfrentar a dos personalidades totalmente diferentes: Ella muy echada para delante y que parece que puede con todo y él más cauto, más tranquilo pero que en el fondo también es muy seguro. Ellos crean un vínculo primero de amistad y luego de amor entre dos personas muy diferentes.

P. ¿Qué puede enganchar a los lectores juveniles?

R. Yo creo que les va a gustar la historia de amor que va naciendo poco a poco y también el descubrimiento del mundo de las abejas. Seguro que les sorprenderán algunos capítulos en los que cuento leyendas de diferentes pueblos que a lo largo de la historia se han relacionado con las abejas. Además, son fundamentales para que existan los ecosistemas y de hecho están desapareciendo y es una de las grandes amenazas para el mundo. No se sabe muy bien si está relacionado con los pesticidas, los móviles, las antenas… Si no hay abejas, no habrá polinización y tampoco árboles, flores, frutos…

Mónica Rodríguez en la Escuela de Escritores de Madrid

P. ¿Cuáles son las novelas que más te gustaban cuando eras pequeña?

R. Yo leía lo que teníamos entonces Enyd Blyton y las colecciones de mi madre de Antoñita La Fantástica, Guillermo Brown… Todo Agatha Christie y cuando entré en el Instituto empecé a leer literatura para adultos. Mi abuelo era un gran lector y vivía con nosotros y yo le cogía libros de poesía, de Lorca… Me fascinaba y me llegaba de alguna manera.

P. ¿Tus novelas están destinadas al público infantil y juvenil? ¿Por qué escribes para niños y jóvenes?

R. Tengo más novelas para niños que para jóvenes y tengo un texto para adultos escondido en el ordenador… y otro que voy a mandar a un premio. Yo empecé escribiendo de una forma natural para niños. Mi primer paso fue escribir poesía, luego cuentos para mis amigos para contarles cosas y empecé a leer literatura infantil y a escribir para niños sin saber que iba a publicar literatura infantil y me siento muy cómoda en ese registro. Luego me fui subiendo al juvenil y en un futuro no creo que lo abandone nunca. Soy muy barroca y escribir para niños es una forma de exigirme más, de limarme… De intentar ser sencilla pero profunda a la vez que es muy difícil. Me encanta ponerme en la cabeza y el corazón de un niño.

P. ¿Qué se puede hacer para fomentar la lectura entre los niños y jóvenes?

R. Una gran apuesta que he hablado con otros escritores podría ser que en los colegios y en los Institutos además de la biblioteca y los consejos de los bibliotecarios tuvieran al día media hora de lectura libre. Si se enganchan leerán más y si no por lo menos habrán leído un rato al día.

P. ¿Cuáles son tus planes de futuro como escritora?

Tengo este final de curso varios encuentros iberoamericanos con escritores. Voy a ir a Cuba en septiembre con Gonzalo Moure y luego en noviembre a la Feria de Miami y la de Guadalajara. Saco también otro libro con Lo que leo de Santillana que se titula Mi tío, Reina mora, Nijinsky y yo y se va a empezar a vender el libro Arena y agua del proyecto Bubisher que llevan libros a los campamentos de refugiados del Sáhara. Hemos hecho dos cuentos unidos: uno lo han escrito los niños del colegio de mi hija Lucía y otro los niños saharauis de los campos de refugiados. Luego los he revisado yo y los ha ilustrado Ester García y ha quedado precioso. Un álbum bilingüe árabe español y una apuesta emocionante que presentaré en octubre.

 

 

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