Relato: ‘Sentimiento quería ser feliz’ de Beatriz Mocchi

 

De Beatriz Mocchi. Ganadora de la X edición de www.excelencialiteraria.com

 

Aquella mañana Sentimiento se levantó con el mismo propósito de todos los días: ser feliz. Sin embargo, un aire melancólico le envolvía. Tan duro era aquel capricho que fácilmente podría decirse que se había cortado con una cuchara de postre. A veces, el pobre, se consideraba un bueno a nada.

Su mejor amigo, Egoísmo, era el único capaz de hacerle sentir un poquito menos desgraciado. A menudo escuchaban música juntos, sobre todo cuando viajaban en tren (compartían auriculares). En el vagón pasaban las horas criticando al estúpido Amor, querido por todos.

Cierto era que Sentimiento admiraba secretamente a Amor, pero Envidia, la prima hermana de Egoísmo, le había revelado que era por su culpa que no conseguía alcanzar la felicidad. No entendía exactamente por qué motivo, pero como se fiaba de ella había decidido no darle demasiadas vueltas al asunto y proyectar toda su rabia contra él.

<<¡Pobre Amor!>>, exclamarás, querido lector, al leer estas palabras. ¿Pobre?… ¡No! Pobre Sentimiento, pobre Envidia y pobre Egoísmo. Sólo ellos deberían darte lástima porque, al contrario, que Amor, nunca habían conseguido alcanzar la felicidad.

Amor era tenaz, constante y dedicado. Y aunque a veces iba acompañado de Celos, que lo hacía volverse algo antipático, generalmente andaba de la mano de Alegría y Sinceridad, contra los que Envidia se había ocupado de sembrar cizaña de un lado al otro del Globo.

No obstante, aquella mañana Sentimiento tomó la decisión de sentarse a hablar con Amor. Lo había visto algo tristón, sentado bajo un árbol gigantesco.

-¿Te encuentras bien? -le preguntó, sonrojándose un poco por su atrevimiento, sentándose junto a él.

Amor asintió sin decir nada.

-¿Seguro?…

-Sí –contestó con un movimiento afirmativo de la cabeza–. Y tú,  ¿cómo te encuentras?

A Sentimiento se le olvidaba a veces que Amor se había criado con Altruismo.

-Yo… –respondió Sentimiento entre dientes–. Bueno; estoy algo triste.

-¿Ah, sí? Y por qué.

-Pues… Quiero ser feliz, pero no puedo.

-¿Por qué no puedes?

-No lo sé –negó, soltando un hondo suspiro y tapándose la cara con las manos, tratando de evitar que le afloraran las lágrimas; Sensibilidad le llamaban.

-Creo saberlo.

-¿De verdad? –exclamó Sentimiento.

-Tus amigos no te dejan ser feliz.

-¿Por qué dices eso?

-Me entristece que esta sea la primera vez que hablas conmigo en tanto tiempo, aunque en realidad también me alegro porque, al menos, has conseguido hacerlo. Yo he tratado de hablarte muchas veces, pero sin suerte, pues siempre estabas con Egoísmo.

-Es mi mejor amigo.

-A veces nuestros mejores amigos no nos convienen –insistió Amor, dedicándole una afectuosa sonrisa–. Últimamente apenas hablo con Celos, y me siento más contento.

-¡Pobre Celos! Va a quedarse solo.

-¡Qué va! Ha hecho buenas migas con Envidia. ¿No los ves siempre juntos?

Sentimiento no respondió porque sabía que Amor tenía razón. Tras unos momentos de silencio, Amor decidió romper el hielo:

-He quedado con Amistad esta tarde. ¿Te apetece venir con nosotros? Iremos al cine.

Sentimiento aceptó de buena gana.

Beatriz Mocchi

Amistad era muy simpática y causó, de inmediato, una buena impresión en Sentimiento, porque prestaba atención a todo lo que le decía. Le gustaba hacer preguntas y escuchaba las respuestas con verdadero interés.

Días más tarde se les unió Altruismo, al que Sentimiento ya conocía. Egoísmo, que mantenía una relación tensa con él, le había advertido que no era un tipo simpático. Por el contrario, era muy amable y cariñoso, y al igual que Amistad, le gustaba escuchar.

Desde entonces Sentimiento se unió a la pandilla de Amor. Poco a poco se dio cuenta de que eran muchos más que los que había conocido el primer día. Estaban Amistad y Alegría, Altruismo y Sinceridad, Belleza (de la que quedó completamente prendado) y Elegancia, Humildad y Justicia, Prudencia, Firmeza y Generosidad, Valentía, Compromiso y Carisma. Consiguió llevarse bien con todos ellos, puesto que lo aceptaban tal y como era, con sus cualidades y defectos.

Y acabó por darse cuenta de que, quizá, no era tan malo al fin y al cabo.

 

Redacción

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