Relato: ‘Cuando un elefante se enamora’ de Blanca Rodríguez G-Guillamón

De Blanca Rodríguez G-Guillamón / Ganadora de la V edición www.excelencialiteraria.com

 

Tenía dos opciones: o besarla o decirle que tenía razón. Le dibujé círculos con los dedos por detrás de la espalda. Estaba guapa hasta cuando me gritaba. Incluso su voz sonaba más suave.

No quería pensar mucho, por si me desmayaba. Ya me había ocurrido a los trece años. Sucedió la primera vez que estuve a solas con una chica por la que sentí algo. Se me desbocó el corazón y lo agarré con fuerza cuando trató de escapárseme por la boca y luego me mordió la inconsciencia. Me despertaron las risas de los demás compañeros de la clase, que me llamaban cosas como gallina, flan o, directamente, gilipollas.

A partir de entonces robé tantos besos que llegó un punto en que no supe en dónde meterlos. Labios rojos, rosas, marrones, morados… Labios de todos los colores. Los saboreaba para mi colección gourmet y buscaba otros distintos. Besé tantos labios que en pesadillas sentí que se desgastaban los míos.

Entonces apareció ella, la gritona. Creo que me empezó a gustar cuando le dije que la quería (como les decía a las chicas para que me prestasen sus labios). Ella me resopló con tanta fuerza que empecé a girar sobre mí mismo.

Ella lo ponía todo patas arriba con solo una mirada: mi calma, la calle, el mundo, la galaxia… Con esos ojos se habría tragado hasta los agujeros negros del Universo. Quizá por eso, porque yo era capaz de sentir ese vendaval casi divino, la adoraba.

Me fijé en sus labios, en cómo se abrían, se cerraban, se abrían, se cerraban…

—De acuerdo —musité rendido—. Tienes razón; no te quiero.

Esperaba que alzase la barbilla, como hacían las demás cuando obtenían la victoria, pero me saltó al cuello. Tenía, os lo juro, las estrellas del cielo en los ojos.

—Tus ojos…

Se rió y escuché cascabeles. Parpadeé.

Mi corazón asomó por la boca. Como la otra vez, puse todo mi esfuerzo en tragarlo de nuevo. Ella reía con dulzura, aunque yo, para entonces, creía que me había convertido en elefante.

Blanca Rodríguez G-Guillamón

Su mirada, los cascabeles, la noche… Cuando me besó, no supe a qué sabían sus labios. También olvidé su color. Recordé los gritos de gallina en el patio del colegio, pero esta vez estaba despierto y nuestras bocas, encontradas. El corazón más salvaje que nunca.

<<Estoy amándote>>, quise gritarle.

Sus estrellas me cegaron.

Desapareció el suelo.

.

 

Redacción

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