Relato: ‘Carpe diem’ de Marina Rodríguez Tornero

 

Carpe diem de Marina Rodríguez Tornero. Ganadora de la XI edición www.excelencialiteraria.com

Hasta ahora el carpe diem no había sido para mí más que un tópico y un eslogan requetemanido, con gran potencial de venta pero sin mucha posibilidad de aplicación. ¿Cómo no pensar en el futuro, en el siguiente paso que debemos dar? ¿Es que lo contrario no sería avanzar hacia un precipicio? Supongo que las mías son reflexiones de la “antigua normalidad”, aquella tan arcaica que terminó a principios de 2020, cuando todavía se podía definir el camino que teníamos por delante. Con todo y aún sin rumbo claro, el interrogante sobre el día de mañana sigue acosando a todo el país en el día de hoy, ese que, según la cita latina, debíamos disfrutar.

Aunque el mundo siga girando a pesar del Covid y, por ende, tengamos un futuro que llenar, en algún momento entre los pasados marzo y mayo sentimos que todo se paraba. Fue entonces cuando comencé a entender el carpe diem: en las largas horas delante de mi escritorio sin saber qué iba a pasar al día siguiente, cuando parecía que sobre la vida no había ningún tipo de control. Más adelante lo comprendí mejor, cuando nos permitieron salir de nuevo a la calle; en cada paseo, en cada cerveza junto a mis amigos en una terraza, en cada encuentro, con distancia pero reales. Fueron momentos únicos, redescubiertos y paladeados con la conciencia de quien los sabe irrepetibles.

Marina Rodríguez Tornero

Algunos, preocupados por sus familias y por sus trabajos, rechazarán mi frivolidad tanto como yo rechazaba la ligereza del tópico hasta hace bien poco. Lo entiendo. Quien escribe es una universitaria al comienzo de su último año de carrera que, a veces, cuando se olvida de vivir el presente, se desvela sobre la almohada pensando en su porvenir. Sin responsabilidades laborales y con mi familia sana, solo puedo dar gracias por mi suerte. Así y todo me ha costado llegar a este estado mental que, por otro lado, no sé cuánto se quedará en mí, si ya empieza a abandonarme cada vez que me pongo contar ovejas.

De las recién terminadas vacaciones cabía poco que esperar porque no sabíamos si iban a ser posibles. Parecía que nos gritaban carpe diem, ¿verdad? Y ahora, frente al nuevo curso, que promete ser también incierto, nos toca volver a empezar, asimilar los horarios provisionales y confiar. Solo espero sujetar en la memoria aquel día de junio en el que al fin cerré los libros, cuando no esperaba nada y, por eso tuve todo. Y que las agotadoras preocupaciones no me empañen el tópico, pues cada día es un regalo. De esta manera, en nuestro interior será siempre verano.

 

 

Redacción

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