‘Gelsomino en el país de los mentirosos’ de Gianni Rodari

Gelsomino
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Gelsomino en el país de los mentirosos de Gianni Rodari. Ilustraciones de Pablo Otero. Editorial Kalandraka, 2020. 150 x 235 mm., 200 pp., 16 €, (+ 9 años).

Por José R. Cortés Criado.

“Cuando Gelsomino nació, la gente del pueblo se levantó en plena noche creyendo haber oído las sirenas de las fábricas que llamaban al trabajo, pero solo era el bebé que, como todos los recién nacidos, lloraba para ejercitar su voz.” Gianni Rodari: Gelsomino en el país de los mentirosos.

Gelsomimo es una persona muy especial, desde que nació hizo gala de su portentosa voz. Una voz aguda de tenor que era capaz de romper los cristales del aula con solo decir “¡presente!”.

Como la voz le daba más de un problema, se fue al campo, allí recogía las peras gracias a su voz, ers can tar y los frutos se desprendían del árbol; así se creó una doble fama, para unos era un diablo, para otros un ángel, por eso se fue de su tierra y llegó al país de los mentirosos.

Aquí la verdad era castigada, los perros se llamaban gatos y maullaban; los gastos se llamaban perros y ladraban; los piratas eran personas respetuosas, el rey era uno de ellos; al pan le llamaban tinta y a la tinta, en fin, un lío enorme para Gelsomino que, además, no toleraba las mentiras ni las injusticias.

Se hace amigo de unos seres muy especiales, el gato Cojitranco, fruto del dibujo de una niña en una pared; el pintor Bananito, todo lo que pintaba se hacía real; Bienvenido Nunca Sentado, una magnífica persona que envejecía si se sentaba y aún sabiéndolo, se sentaba para ayudar a los demás si importarle envejece muchos años en un ratito.

Estos no toleran las mentiras, muchos habitantes del país también deseaban recuperar la verdad, pero pocos se atrevían a manifestarlo por temor al rey pirata, un dictador caprichoso, Jacobote, que quiere mantener las mentiras por encima de todo.

Al final nuestro extraño amigo hace uso de su portentosa voz y no solo destruye vidrieras, lámparas y demás cristales, también arrasa con manicomios, palacios y todos los elementos que ensombrecían la vida de este país.

Curiosa y mágica historia que nos hace reflexionar sobre la verdad, la mentira, el poder, la dictadura, la libertad… mostrándonos unos héroes que, sobretodo, son humanos. Son unas buenas personas que buscan vivir en paz y ayudar a sus vecinos sin reparar en los problemas que les pudiese acarrear.

Rodari hace uso de su fino sentido del humor y nos escribe un cuento mágico donde la imaginación desborda la realidad y nos hace vivir situaciones absurdas que desembocan en una realidad irreal.

Bonito canto a la libertad que hará pasar un buen rato a todo aquel que se atreva a leerlo. Gesolmino representa la rebeldía de su autor, así como su sentido de la justicia y sus ansias por transformar la sociedad en la que vivió.

El texto se acompaña de ilustraciones de Pablo Otero que juega con figuras geométricas e imágenes corporales para representar ese mundo lúdico y soñado por el escritor.

 

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