Relato: ‘Desde el tejado’ de María Pardo

Desde el tejado

Desde el tejado de María Pardo. Ganadora de la IV edición www.excelencialiteraria.com

 

Estoy en el escritorio del salón, con un bolígrafo entre los dedos, distraída con el paisaje que veo desde la ventana. Descubro a un obrero que, desafiando al vértigo (pero no a la muerte, pues lleva la cintura sujeta a un arnés y este a una cuerda de seguridad), se pasea y se tumba sobre un tejado tratando de arreglar una antena. Es un deleite observar sus pasos. ¡Con qué agilidad salta entre las tejas! Debe de sentirse como un pájaro ante tales vistas. O puede que esté acostumbrado a esas alturas y a esa panorámica y ya no le digan nada; o tal vez se encuentre tan concentrado en la tarea que no aprecie el entorno. Es posible incluso que sienta miedo, pero que lo oculte para no poner en riesgo su empleo. También puede que ande distraído en sus preocupaciones. Y, por último, cabe la posibilidad de que sea ciego. Pero no me refiero a una incapacidad visual, sino a la ceguera de quienes miran pero no ven o, lo que es peor, de los que miran pero son incapaces de valorar aquello que ven.

Me detengo a pensar en mi propio tejado, mi propia vida: ¿cuáles son mis vistas? ¿qué forma parte de mi rutina que por costumbre, distracciones o ceguera he dejado de apreciar? Me viene a la cabeza el “¡Buenos días!” de mi madre, que a menudo escucho aun entre sueños; también el trayecto con mis amigos hacia la universidad; el cafecito a media mañana; el volver a casa muerta de hambre y encontrarme con la comida hecha.

Es una pena que de tan habituales, estos momentos a veces me resulten imperceptibles. Ojalá pudiese disfrutarlos como si ocurriesen por primera vez, así como agradecer la posibilidad de experimentarlos tan a menudo. Nunca debería darlos por hecho, pues algún día los echaré en falta, como tantas cosas que antes de la pandemia me resultaban ordinarias y que anhelo vivirlas otra vez.

María Pardo
María Pardo

Sea como fuere, no logro adivinar si el obrero aprecia o no las vistas. Lo que seguro no se imagina son las reflexiones de una vecina que atiende, en una mezcla de admiración y curiosidad, sus equilibrios.

 

 

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