Solo es uno
Solo es uno

¡Solo es uno! de Tracey Corderoy. Ilustración de Tony Neal. Editorial Edelvives, 2020. 250 x 285 mm., 32 pp., 13,27 €, (+ 3 años).

Por José R. Cortés Criado.

“Villadichosa había perdido su encanto. Y ahora todo el mundo estaba del malhumor”. Tracey Corderoy: ¡Solo es uno!

Cuando deseamos buscar alguna excusa para una actitud poco correcta, no nos importa quitarle importancia al hecho, infravalorándolo. Eso es lo que le ocurre a nuestro protagonista, Rinoceronte, habitante de Villadichosa.

Nuestro amigo no sospecha que su acto, sin mayor importancia para él, acabará cambiando la convivencia entre sus convecinos. Parece exagerado, pero no lo es, ya sabemos que cualquier hecho, por insignificante que sea, termina pasando factura y lo que para uno es algo trivial, para otros es de suma importancia.

Rinoceronte tiró al suelo el envoltorio de un caramelo pensó que no pasaba nada porque era uno; lo que no sopesó fue que un envase de cada vecino llegaba a formar una montaña de basura.

Jirafa estaba molesta por la suciedad del pueblo y quiso embellecer su casa con una flor, así que fue al jardín público, arrancó la margarita más bonita y la puso en un jarrón. Pensó que cortar una flor no era problema; no que todos los vecinos hicieran lo mismo y desaparecieran los jardines.

Pingüino estaba enfadado por el mal ambiente que se había generado en el vecindario y decidió poner un poco de música para animarse. Lo hizo a un volumen algo exagerado, pero como era uno solo no le preocupó, lo malo es que cuando todos pusieron su música preferida a gran volumen…

En fin, que la dulce convivencia ente personas educadas pasó a la historia; ahora todo eran broncas, discusiones por cualquier nimiedad, tirar basuras, hacer ruido, machacar los jardines… hasta que Ratona tuvo una idea.

Su idea tuvo éxito y todos cambiaron su actitud. El pueblo volvió a ser una lugar agradable para vivir. Todos se volvieron amables, educados y solidarios.

Simpático pueblo arbitrado por animales que actúan como humanos y nos da una lección de lo que debemos hacer y de lo que debemos evitar si queremos vivir en armonía con los demás.

Los breves textos se acompañan de muy buenas ilustraciones que reflejan perfectamente las escenas descritas y el mal humor de los vecinos ante situaciones incívicas. La mayoría de las lámina ocupa una doble página para demostrarnos lo que sucede en la calle.

Una buena forma de animarnos a ser solidarios y colaborar en el bienestar común con simple gestos como el no arrojar basura a suelo, recoger los desperdicios y depositarlos en papeleras, respetar los jardines y a las personas.

Buen libro, que gustará por sus imágenes, diálogos y mensaje positivo para los pequeños lectores.

 

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