Clyo Mendoza: “Concentrarse es un reto hoy día, y quizá un gesto de resistencia”

 

Clyo Mendoza
Clyo Mendoza

Clyo Mendoza (Oaxaca, 1993), poeta reconocida (obtuvo el Premio Internacional de Poesía Sor Juan Inés de la Cruz en 2017), debuta en la novela con Furia (Editorial Sigilo), una obra en la que vuelca sus vivencias en los pueblos indígenas y proclama su deseo de atender a las realidades y los deseos de la gente olvidada en territorios inhóspitos.

P. Furia es una novela corta pero exigente, en gran parte, por su ordenación. ¿Qué la llevó a estructurarla así?

R. El orden fue intuitivo y se fue acomodando de acuerdo a mis propias circunstancias vitales. Algunas decisiones creativas no tienen fundamentos lógicos, al menos en mi proceso creativo. Pero sin duda estaba la intención de imitar una mente neurodivergente, y sin duda el pensamiento fragmentario es algo de lo que no podemos escapar hoy día.

P. Dos hombres heridos, que huyen y se encuentran en esa huida. ¿Es difícil, aun hoy, narrar ese tipo de relaciones? Más aún en un país como México…

R. Seguramente lo sigue siendo, sin embargo, para mí y mi círculo más cercano la deconstrucción ha sido necesaria. Las cosas no son solamente como nos las han hecho creer y cambiar está en el destino de los seres humanos. Tengo una hermana trans, es mi mejor amiga y probablemente sea la primera persona en salir del clóset abiertamente de toda mi numerosa familia.

P. Amor, erotismo, muerte. ¿Son imposibles de separar?

R. Los opuestos aparentemente contrarios están más cerca de lo que pensamos. Incluso más cerca de lo que no les es opuesto. Hemos recibido una educación en la que se nos enseña a amar a un ser crucificado y herido y también a odiar nuestras pulsiones más ancestrales, la ira, el deseo. Así que, subconscientemente al menos, seguimos llevando la condena de emparentar estos conceptos.

P. La poeta que es asoma por toda la novela. ¿Qué riesgos, si alguno, corre cuando se recurre a una prosa tan poética para relatar una historia tan dura?

R. La posibilidad de que las personas que leen el libro lo abandonen. Concentrarse es un reto hoy día, es un reto y quizá un gesto de resistencia; pero creo que tenemos también la necesidad del canto, del ritmo, desde el principio de los tiempos. Todos los animales tienen su propio canto de dolor.

P. Hay un personaje desconcertante, el narrador. Me parece percibir ecos de García Márquez, pero no sé si usted los escucha.

R. Tiene mucho tiempo que no leo a Márquez, quizá desde mi adolescencia temprana. Su ficción tiene mucho que ver con la vida de mis padres y mis abuelos, con la de los pueblos originarios, su vida en el campo, su cosmogonía y su territorio desbordado en su naturaleza, pero también empobrecido o saqueado. Quizá eso es lo que escucho mejor.

P. El paisaje por el que transcurre Furia, ¿es real?

R. Todos los desiertos son el mismo lugar. Al escribir uno hace un collage de lo que conoce, pero el territorio funciona como una fotografía: la realidad cambia totalmente, aunque esté siendo capturada. Ciertos cambios en la exposición, en el ISO y ya de pronto uno obtiene una imagen radicalmente distinta a la que está retratando.

P. ¿Cuál es su experiencia con los pueblos indígenas? ¿Influye en su forma de aproximarse a ciertas realidades, como la locura?

R. Sí. En los pueblos en los que crecí y de donde viene mi familia no existía la locura, existía la posesión, el encantamiento, el fantasma que se apropia de nuestra mirada y nos hace ver cosas diferentes a las que ve el resto del mundo. Maldiciones o dones. El libro tiene, entre otras cosas, el germen de lo que le pasó a un primo lejanísimo mío que llegó a la ciudad, a casa de mis padres, para ir al psiquiatra. Él aseguraba estar poseído por un hombre salvaje y su familia, de campo, desesperada, quiso probar con el psicoanálisis y la medicación. No sé lo que es de él hoy día.

Furia
Furia

P. Dicen que en toda primera novela hay mucho de autobiografía. ¿Es éste el caso?

R. Probablemente, el libro fue escrito en un momento en el que amaba mucho, pero también un momento de quiebre y de rupturas. Muchas veces el dolor pone a prueba nuestra razón y la lógica de las cosas. También hay un éxtasis casi místico en reconocerse mortal, cambiante.

P. Su juventud, ¿ha sido un acicate o una rémora en la escritura de la novela?

R. Para escribir nada, para publicar, sí. No en el caso de este libro, que fue muy apoyado por mis queridos editores a pesar de mi edad. Pero anteriormente sí, y los tratos que una hace para publicar antes de tener la experiencia o la astucia necesarias suelen ser muy injustos. Lo único raro que me pasó con este libro al respecto fue que una entrevistadora me preguntó: lo primero que debería preguntarte, dada tu edad, es: ¿quién te ayudó a escribir este libro? Le contesté con una carcajada. La mayoría de las personas ignora que la precocidad tiene un costo muy elevado y, antes de ser comprendida, conlleva mucho sufrimiento, por eso se pueden atrever a hacer ese tipo de preguntas.

P. Furia, al ser la primera, es una suerte de tarjeta de presentación (narrativa, que no poética). ¿Es también una declaración de intenciones?

R. Supongo que lo es. Lo que no sé es cuáles sean exactamente las intenciones. Sé que, entre otras cosas, me interesa hablar de la gente de la que nadie habla, de la gente olvidada en territorios inhóspitos. En el desierto en México las mineras y el gobierno se han sabido aprovechar muy bien de la poca gente que habita esos lugares; entre menos gente hay en un lugar saqueado, menos son las protestas y menos sus enemigos.

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