Carla Márquez, autora de ‘Con razón de fulana’: “Muchas personas, sobre todo mujeres, me han agradecido la valentía de mis textos”

Carla Márquez
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Tras sorprender con Corazón de fulana, Carla Márquez Rodríguez vuelve Con razón de fulana (Editorial Avant). Y el título es algo más que un juego de palabras: en lo que va de una obra a otra, la autora ha evolucionado tanto a nivel literario como erótico. Lo que persiste es la voluntad de ser, ante todo, una poeta apasionada y políticamente incorrecta.

P. Tu segundo libro, tu segundo poemario erótico. ¿Qué buscas ahora?

R. En Con razón de fulana intento plasmar con más argumentos, si caben, este cántico a la libertad erótico feminista. En Corazón de fulana muestro el corazón y reconcilio de esta manera la ternura con la lujuria, mientras que en Con razón de fulana hay más motivos (razones) de peso para reivindicar la igualdad entre hombres y mujeres, así como, la libertad a través de una sexualidad libre de prejuicios o tabúes. Hay un proceso madurativo tanto a nivel literario como erótico entre una obra y otra.

P. ¿Debemos abordar Con razón de fulana como una suerte de continuación de Corazón de fulana?

R, Efectivamente, hay una continuación en cierta forma desde mi corazón a las razones. En este libro se pierde un poco, quizás, la inocencia del corazón, dando paso a las razones de peso para disfrutar abiertamente de la sexualidad. Los lectores y lectoras de mi primera obra verán guiños en esta segunda.

P. ¿De dónde viene tu interés por el género?

R. Siempre he adorado la literatura en general y la erótica en particular, desde bien jovencita. Después de haber sido una ferviente consumidora de este género a lo largo de mi vida, encontré en él una vía de escape tras mi separación. Mi vida personal dio un giro de ciento ochenta grados de la noche a la mañana y descubrí la canalización del erotismo como terapia. Escribir poesía erótica reconcilia mi ternura con la parte más instintiva y carnal. A través de los versos me reencuentro con la Carla mujer sin juicios ni prejuicios, en donde me dejo acariciar por las palabras.

P. Eres trabajadora social, madre… no sé si hay un perfil típico del autor de literatura erótica, pero no parece que el tuyo se ajuste, nada de malditismo, ni de fetichismo…

R. Efectivamente no hay un perfil. Una escribe de lo que tiene dentro nutrida por experiencias o fantasías. Precisamente, con mi primera obra Corazón de fulana intento explicar que es compatible tener un corazón utópico, sensible y tierno con las ganas de disfrutar abiertamente de la sexualidad sin tabúes ni prejuicios. Así que ser trabajadora social o madre es totalmente compatible con escribir literatura erótica.

P. ¿Cuándo escribes, y cómo lo haces?

R. Aunque suene una evidencia, únicamente escribo cuando me viene alguna inspiración. De hecho, si es en mitad de la noche, me despierto y tengo que apuntarlo en las notas del móvil para no olvidarlo. Suelo escribir en el móvil y luego le doy forma en el ordenador o en papel.

P. ¿Qué dificultades concretas plantea tu apuesta por la poesía erótica?

R. Más que el erotismo, pienso que la dificultad se halla en la poesía. Muchos conocidos han admitido que no son consumidores de este género pero que me han leído por una cuestión de curiosidad. El gran reto hoy en día es que la gente lea y compre libros más allá de los posts en redes sociales. Si a ello le añadimos que no se trata de una novela con su trama sino de poemas, la cosa se complica considerablemente.

Carla Márquez
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P. ¿Qué prejuicios tienes que enfrentar?

R. Afortunadamente, provengo de una familia de feministas en donde he crecido rodeada por el mundo de la cultura. Mis padres se han encargado siempre de colocar los libros a mi altura. No siento prejuicios, bien es cierto que una minoría se ha podido sorprender al descubrir esta faceta mía. Me encanta demostrar que es compatible tener un corazón tierno y cariñoso con las ganas de disfrutar abiertamente de la sexualidad. Mentiría si dijera que no he tenido que marcar a veces límites y ser incluso borde con algún que otro hombre despistado, ya que escribir poesía erótica no es sinónimo de disponibilidad ni de promiscuidad.

P. ¿Has tenido oportunidad de hablar con tus lectores en citas como ferias del libro o firmas de libros? ¿Cómo son, qué te dicen?

R. Me siento una privilegiada por haber podido conversar abiertamente con muchos lectores/as. No sólo a través de ferias del libro sino de las redes sociales o en persona. Me he encontrado con muchas personas, sobre todo mujeres, quienes me han agradecido la valentía de mis textos. Para mí es un placer que me cuenten sus experiencias y que se hayan podido sentir identificadas con mis poemas.

P. Supongo que, antes que escritora de literatura erótica, fuiste lectora. ¿Con quién y en qué momento te iniciaste?

R. Creo recordar que me inicié con Las edades de Lulú de Almudena Grandes. Es un libro que me leí con diecisiete años y he tenido que releer a los treinta y cinco. El impacto ha sido el mismo por su transgresión. Me parece brutal, toda una obra maestra del erotismo, sobre todo, por el momento y contexto histórico en el que se escribió.

P. ¿Qué autores has leído, qué te han aportado?

R. He leído a múltiples autores a lo largo de mis años, pero si tengo que hacer alusión a mis referentes de literatura erótica, cito a Gioconda Belli, Virginie Despentes, el Marqués de Sade, Henry Miller, Nabokov, Anaïs Nin o Almudena Grandes, entre otros. La primera palabra que me viene a la mente sobre todos estos grandes autores es sin duda, TRANSGRESIÓN. De ellos he aprendido a ser políticamente incorrecta. En distintos momentos de mi vida y a través de sus diferentes obras, he descubierto el placer de leer aquello tan perverso que jamás me atrevería a verbalizar. Con ellos he descubierto pasajes eróticos en los que no se detallan escenas sexuales convencionales o “vainillas” (jerga utilizada en las prácticas sexuales alternativas BDSM), sino que derriban esos convencionalismos o tabúes establecidos, para dar paso a juegos de poder, dominación y sumisión, sexo entre varias personas, incesto e incluso fantasear con el sexo forzado.

P. ¿Algo que te haya espantado?

R. La obra de teatro XXX de la Fura dels Baus. Recuerdo me marcó y me dejó varios días con mal cuerpo y una sensación desapacible. La mitad del público no pudo aguantar toda la obra y fue abandonando uno a uno sus asientos. Yo tendría 17 años y me quedé petrificada observando aquella especie de orgía sobre el escenario que no paraba de hacerle guiños al grandísimo Marqués de Sade. Me encantaría volver a verla con mi actual mirada de 36 años y disfrutar de la conmoción, revoltura y sacudida que debe provocar una buena obra de arte.

Algunos de los nombres clásicos, Sade y von Sacher-Masoch, han asociado sus nombres a prácticas a las que muchos ponen objeciones. ¿Te ves nominando alguna experiencia, alguna destreza?

Siempre que me hacen una entrevista aprovecho para visibilizar el BDSM, prácticas sexuales alternativas. Sus siglas responden a bondage, dominación, sumisión y masoquismo. Pienso que es momento de visibilizar y dar luz a unas prácticas sexuales hasta ahora muy desconocidas o mal vistas, debido al oscurantismo que hay a su alrededor. Siempre y cuando todo sea consensuado y consentido, me parece fantástico lo que dos o más personas deseen hacer en su esfera privada.

P. ¿Habrá una tercera entrega o has pensado ya en cambiar de tercio?

R. Habrá una tercera entrega aunque con un pequeño giro. Es la primera vez que hablo de ello en una entrevista. Quiero y voy a cerrar la trilogía con Coraje de fulana, entendiendo el coraje como sinónimo de valentía, como fuerza de voluntad para superar impedimentos y miedos. Ya llevo más de la mitad escrito y sólo diré que tiene más de feminismo que de erótico. Doy un giro con un grito de valentía y aliento para todas esas mujeres que han pasado o están pasando por alguna situación de violencia de género, sin perder del todo el poder sanador del erotismo.

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