Crítica de ‘Lamb’: Una inquietante fábula fantástica sobre las inseguridades de ser padres

Lamb

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Lamb, la flamante ópera prima del cineasta islandés Valdimar Jóhannsson, se erigió como la gran triunfadora del pasado Festival de Sitges. La cinta se alzó con los galardones a Mejor Película, Mejor Actriz (ex-aequo) y Mejor Dirección Revelación en un certamen que anualmente recoge algunas de las mejores muestras de cine de terror y fantástico del planeta. Ahora, casi dos meses después de aquella victoria, el filme llega a los cines de toda España, justo en los inicios de una temporada navideña de estrenos que se antoja especialmente potente. La película aterrizará en las salas el próximo 26 de noviembre.

La historia de Lamb narra la vida de un matrimonio de granjeros, María e Ingvar, que viven aislados en mitad de las montañas en una isla de Islandia. Allí, junto a su rebaño de ovejas y corderos, la pareja asume con normalidad su rutinaria vida. Al menos hasta que un día una de las ovejas del rebaño da a luz a un misterioso bebé. Lejos de seguir el proceso habitual con el resto de corderos, María e Ingvar decidirán criarlo como a su propio hijo. La misteriosa naturaleza de los acontecimientos provocará una tensión creciente que expondrá las dificultades de la paternidad del matrimonio.

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En líneas generales, puede decirse que Lamb es un sólido retrato de las ansiedades, alegrías e inseguridades sobre ser padres. Con gran sutileza, el director plantea diferentes situaciones rutinarias que se magnifican alimentadas por el gen fantástico de su obra, por el extraordinario uso del entorno y por un minucioso ritmo reflexivo. Jóhannsson logra reflexionar sobre algo tan visceral y único como es la paternidad sin necesidad de exponer verbalmente los pensamientos de sus dos personajes. En lugar de eso, teje una explícita consecución de actos e impulsos que en el fondo cuestionan una y otra vez la naturaleza humana.

Es cierto que con el paso de los minutos la potente premisa de partida se desinfla, especialmente a medida que el espectador va asumiendo la realidad gotico-fantástica de la película. Aun así, el islandés consigue que Lamb se mantenga en pie en todo momento gracias a su gran habilidad por estructurar el relato en base a una tensión muy densa. Además, en ningún momento se muestra demasiado pretenciosa, haciéndola muy fácil de disfrutar (quizá no tanto de digerir) para un espectador medio. Y ese punto es clave pues la historia que hay detrás de sus planteamientos es tan universal y antigua como el propio tiempo, por lo que no necesita de añadidos y complejidades estilísticas.

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Sumados a la fotografía, al componente fantástico y al buen hacer del director, Lamb también cuenta con un gran reparto. Todos están más que correctos, pero Noomi Rapace destaca como esa madre protectora y fuerte, eje central de la atípica familia. Es su visión del mundo la que predomina en la cinta, y es ella quien toma algunas de las decisiones más potentes que la hacen avanzar. Como el resto del filme, no presenta algarabíos excesivos, comunicándose principalmente con una mirada llena de profundidad, amor y miedo ahogados.

En resumidas cuentas, Lamb es esa película que, sin llegar en ningún momento a rozar la excelencia, sí demuestra ser constantemente un buen ejercicio cinematográfico. Reflexiona mucho, entretiene lo suficiente y no se deja llevar por dogmatismos elevados ni delirios de grandeza que podrían descoser el conjunto. El reparto es muy acertado y visualmente es hipnótica gracias a los paisajes de un entorno que juega un papel fundamental en la cinta. Valdimar Jóhannsson ha labrado con mucho mimo una primera obra de la que sentirse muy orgulloso.

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