Crítica de ‘El Callejón de las Almas Perdidas’: Guillermo del Toro brilla con un sensacional noir moralista

El Callejón de las Almas PerdidasEl Callejón de las Almas Perdidas

Hay directores que, por mucho que lo intenten evitar, siempre van a tener en su cine un sello distintivo muy evidente que nunca cambia. Eso le pasa a Guillermo del Toro, uno de los cineastas más ilustres de los últimos 20 años. Sus películas, por muy diferentes que sean sus historias, de una forma u otra siempre terminan hablando de lo mismo, de la humanidad que se esconde en el monstruo. Lo hace como nadie, y esto le ha valido los mayores reconocimientos que un director pueda tener, el Oscar incluido. Pero ahora, en El Callejón de las Almas Perdidas, ha querido retarse a sí mismo sin dejar de ser fiel a su esencia. Para ello, se ha desprendido del ingrediente sobrenatural en un filme que es puro cine noir. La cinta se estrena el próximo viernes 21 de enero.

El Callejón de las Almas Perdidas, que en realidad es una adaptación del libro de William Lindsay Gresham (1947) y que tuvo una primera versión en cines en 1947, cuenta la historia de un buscavidas con gran talento para la manipulación. Stan Carlisle llegará un día a una feria ambulante en busca de trabajo. Allí aprenderá los oficios y las artimañas de diferentes «profesionales» con la intención de crear su propio espectáculo con el que hacerse rico. En la feria conocerá a personajes de lo más variopintos y se enamorará de Molly Cahill, una joven con la que empezará a diseñar el número que les dará fama. Pero todo engaño tiene sus consecuencias, y la historia de Stan poco a poco se irá enturbiando sin remedio hasta llegar al más profundo de los infiernos.

El Callejón de las Almas Perdidas

La película se encuentra dividida claramente en dos partes. La primera hora corresponde al tiempo que Stan pasa en la feria. Y es ahí donde Guillermo del Toro juega con su magia en El Callejón de las Almas Perdidas. Es un primer acto magnífico en el que el mexicano, gracias a su precisión en la dirección -y a un diseño de producción exquisito-, logra atrapar desde el primer momento al espectador. Las imágenes y los decorados que se suceden secuencia tras secuencia son hipnotizantes. Y el conjunto de pequeñas tramas enrevesadas que desarrolla cada personaje secundario hace que, pese a ser la presentación del filme, todo resulte muy dinámico y fresco. Se crea un aura mística y sucia única, puro sello del Toro. Sabemos que los monstruos y los milagros no existen, pero en un lugar así, quién sabe.

Sin embargo, esto no dura para siempre. Cuando Stan y Molly abandonan la feria, la película cambia por completo de atmósfera, que sigue siendo oscura pero mucho más elegante. Antes todo era gris pero se veía una luz de esperanza, de una vida mejor. Ahora esa vida ha llegado y lo que hay delante es incertidumbre y mal agüero en un camino de no retorno. El protagonista ha tocado techo y a partir de aquí comenzará sin remedio su caída. El Callejón de las Almas Perdidas pasa a ser un noir moralista mucho más explícito, si es que antes no lo era ya. Aun así, se pierde algo de fuelle. Vamos aprendido lección a lección junto a Stan, pero el filme brilla mucho menos que antes. Hasta llegar a la dicotomía final que desencadene todo, lo que ocurre es más olvidable, a ratos pesado y da la sensación de que el metraje podría haberse reducido considerablemente. Aun así, no naufraga en ningún momento.

El Callejón de las Almas Perdidas

Y no lo hace porque las historias que se le van sucediendo a Stan consiguen, al menos, generar cierto interés efímero y jugoso. Y además, se ha de reconocer la gran labor de Bradley Cooper como protagonista. El actor lleva sobre sus hombros el peso de la película sin titubeos. Es una interpretación muy sólida que va acompañada de un elenco de secundarios de lujo: los robaescenas Cate Blanchett y Willem Dafoe, los acertadísimos Toni Collette y Ron Perlman… La más desdibujada es Rooney Mara como Molly, que no acaba de imprimirle la garra necesaria a un personaje que se presupone capital en El Callejón de las Almas Perdidas.

Con todo, la película llega pisando firme a su (predecible) final, donde del Toro vuelve a hacer de las suyas. Es un desenlace largo y bien trabajado, en el que vuelve a aparecer ese aura cuasi-fantástica y donde el cineasta apuntala la moraleja que ya intuíamos. Por una vez, el director de La Forma del Agua nos ha hablado no de la humanidad del monstruo sino de la monstruosidad humana. De cómo el hombre es capaz de corromperse y entrar en una espiral sin salida simplemente por no tratar al resto como iguales, por reírse de ellos y ser cruel en su propio beneficio. El de El Callejón de las Almas Perdidas es un final muy potente que no dejará indiferente a nadie, dando una magnífica lección de moral universal muy vigente aún hoy.

En definitiva, Guillermo del Toro lleva a cabo un ejercicio cinematográfico asombroso, retratado la monstruosidad y la brutalidad espiritual del ser humano con una habilidad única. Le sobra metraje, lo que la hace algo pesada en ocasiones y le impide ser perfecta, pero en cualquier caso es una película sensacional. Es innegable que el director sabe dónde poner la cámara en todo momento. El Callejón de las Almas Perdidas es un noir moralista, denso, formalmente maravilloso e hipnótico. A los amantes de este tipo de cine les dejará completamente satisfechos.

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