Artículo: ‘Manifiesto post-especifista’ de Jaime Llop

Manifiesto post-especifista
Manifiesto post-especifista

De Jaime Llop. Ganador de la XVI edición www.excelencialiteraria.com

 

Bien sabidos son los sucintos principios del especificismo, tal como aparecieron por primera vez en 1965, escritos por Emil Weiter en su revista “Todays sparrow”, pero conviene recordarlos: Sólo lo específico existe. Lo no específico, no existe.

Ambos son verificables con él sentido común, cómo ya se ocupó en demostrar alegremente el mismo Weiter:

“Así llegamos a que usted, lector o lectora, existe en un punto específico del planeta Tierra, identificable, de hecho, por unas coordenadas. Los ojos que utiliza en este mismo momento para leer estas palabras también existen en un lugar específico de usted, pero no en cualquier punto sino en la cara, debajo de las cejas, a ambos lados de la nariz; y las pupilas, menos mal, se encuentran también en un lugar específico (esta vez dentro de sus ojos), y no en un lugar general del espacio, lo cual significaría la no existencia de estas y sí de su ceguera”.

Entendemos –de manera evidente, según Emil– que todo lo que existe tiene que ser específico como condición para existir: una picadura de mosquito, el número de vueltas que da una lavadora hasta que se rompe, la trayectoria de una pelota de tenis, la corbata que llevó mi abuelo en la primera comunión de mi hermana, el día que cada cual nació… Todo ello es específico y todo ello existe, o ha existido.

¿Y qué hay de lo no específico, como las ideas que tenemos del amor, del cine, o de las tuercas? Emil dirá que solo se dan dentro de nuestra mente y que, por tanto, no existen. Existe el amor que calienta la sonrisa de una madre al ver a su torpe hijito dando sus primeros pasos; existen las películas, específicas, y no el cine; existe la tuerca que ha sido apretada en un flexo, pero no la tuerca universal. Así es como Weiter argumenta que lo general, lo no específico, nunca se va a dar fuera de la mente. Es imposible que algo general exista si la especificidad es condición de la existencia.

Este sistema de Weiter nos sirve para manejarnos en el día a día, para ordenar nuestros movimientos cotidianos por el mundo. Pero, ¿qué ocurre el día que decidimos ir a un museo de arte contemporáneo? ¿Seguimos moviéndonos entre lo específico? ¿Y cuando abrimos una novela, sentados en un sillón? ¿Y cuándo leemos un poema?…

Emil y los especifistas se equivocaban. No todo lo que hay fuera de la mente es específico.  También se da, entre lo existente, lo no específico. Por eso, los axiomas del especificismo han de superarse en aras de liberar al arte, y esta liberación debe efectuarse de dos maneras: liberándolo de la carga del pasado y liberándolo del corsé que lo constriñe, que apenas le deja respirar, para que explote con toda la dinamita de su posible creación.

Por tanto, estos son los axiomas que defiendo: El primero, que sólo lo específico y el arte existen. El segundo, que lo no específico (excepto el arte) no existe. En tercer lugar, que el arte es lo único que existe sin ser específico. Y como colofón, que el “arte” específico no es arte. A continuación voy a desarrollar con detalle a qué me refiero, mediante un juego de enmiendas:

Enmienda primera: Solo lo específico y el arte existen

El arte no es lo mismo que lo específico. De hecho, el arte no es específico. Todo lo demás requiere ser específico para existir, al basarme en la misma argumentación de la que hizo gala Emil. Por tanto, el arte no está dentro del grupo de lo específico, sino en el grupo de lo que existe (en la enmienda tercera se verá el porqué).

Enmienda segunda: Lo no específico (excepto el arte) no existe

Lo no específico no existe porque solo se da en la mente. Es decir, los conceptos e ideas generales solo se dan en las imágenes mentales de las personas, y no fuera de ellas, como la montaña específica que veo a través de mi ventana. La argumentación de Emil también es aplicable aquí, excepto cuando habla del arte. El arte no es específico, pero existe fuera de la mente. Toda obra artística necesita un soporte, que existe y que verifica ser específico. El cuadrado negro sobre fondo blanco, de Malevich, está realizado con un material específico; tiene un color y un autor específico, por lo que se puede decir que existe. Pero en sí, como obra, el cuadrado negro sobre fondo blanco no es algo específico.  Una novela de Paul Auster, por ejemplo, tiene un soporte específico, una tipografía específica, un número de páginas específico, pero como obra no es algo específico.

Enmienda tercera: El arte es lo único que existe sin ser específico

¿Qué hace que el arte tenga una condición especial entre lo existente? ¿Por qué una obra artística no es específica? Porque, sencillamente, no es una obra acabada. Un tapón de bolígrafo Bic es un tapón de bolígrafo para todo el mundo., es un algo acabado como tapón de bolígrafo. Su significado es uno, y está cerrado a tener más. En cambio, una escultura de madera de Mendiburu, es lo que el que observa quiere que sea, lo que el observador siente. Y la escultura tiene, al ser una obra de calidad, un significado para cada observador. Lo mismo ocurre con las novelas y los poemas: el lector es quién los imagina, quién les da el significado final. Este tipo de creaciones no específicas —léase, artísticas—, están abiertas a que cada persona las interprete, a que cada cual las haga específicas a su manera.

Enmienda cuarta: El arte específico no es arte

El arte específico es el arte cuyo significado está cerrado. Es lo que definitivamente llamamos arte, cuando en realidad no es más que un objeto cotidiano más. Un ejemplo de arte específico son los retratos. Su significado es el que es, y no hay interpretación posible. La persona retratada es la misma para todos. El hiperrealismo o cualquier tipo de realismo en la Historia del Arte no es, en realidad, arte. El bodegón, tampoco. Toda obra de arte cerrada a una interpretación, no es arte sino un objeto más porque es específico, como todos los objetos.

Jaime Llop
Jaime Llop

Se podrá concluir, con cierta decepción, que he reducido el espectro del arte a un pequeño grupo de obras. De entre la infinidad de creaciones artísticas que han sido consideradas como tales, solo quedan unas pocas que han superado el embate de la verdad. En efecto, se da la curiosa paradoja de que el arte no aparece hasta bien entrada la Historia del Arte. Sin embargo, con esta visión hemos salido ganando al entender, por fin, qué es el arte: cualquier objeto, aún siendo específico, es susceptible de dejar de serlo y convertirse en obra artística. Por eso, cualquier objeto que reciba la luz de mi interpretación, esto es, que me reporte una sensación más allá del objeto en sí, se convierte en arte.

Con estas enmiendas se abre una nueva dimensión para la creación, libre de ambivalencias y sentimientos de culpa. Lo aquí expuesto, lejos de parecer decepcionante se me figura un hallazgo de lo más feliz.

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

A %d blogueros les gusta esto: