Artículo: ‘S.O.S. Olimpiadas científicas’ de Jon Asier Bárcena

 

De Jon Asier Bárcena. Ganador de la VII edición www.excelencialiteraria.com

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En un artículo anterior expliqué que las Olimpiadas Científicas son unos concursos que incentivan a que los alumnos de Bachillerato se acerquen a la Ciencia, a la vez que contaba lo que obtuve participando en la Olimpiada de Física, a pesar de que curso mis estudios universitarios en Matemáticas. Terminaba aquellas líneas clamando que tendrían que ser una joya del Ministerio de Educación. Sin embargo, no justifiqué por qué, en estos momentos, no sucede así.

Desde los años 90, los organizadores de las fases nacionales han tenido que pedir financiación a gobiernos autonómicos, ayuntamientos y empresas. El estado apretaba, pero no ahogaba: financiaba premios y billetes de avión a la fase internacional, pero no la organización de la fase nacional. En 2012 decidieron suprimir los premios de la fase local, trescientos euros de media por premiado, entre muchos otros recortes a la excelencia. Y lo hicieron a pesar de que el ministro Wert insiste en que hay que premiar el esfuerzo. No satisfecho el ministerio, ha esperado hasta marzo para confirmar que pondrá dinero para la participación de estudiantes españoles en las competiciones internacionales. Como si no fuese su deber.

La Real Sociedad Española de Física ha tenido que sufragar parte de la organización de la fase nacional, como explican en su segunda circular. Por otro lado, la Olimpiada Matemática ha celebrado su fase nacional en Badajoz, una capital de provincia no demasiado céntrica, salvo que Portugal participase en la misma. No quisiera ponerme en el pellejo de quienes se pasaron un jueves y un domingo en el autobús de camino a Extremadura y vuelta. No habrá sido la primera vez que alguien no asiste a un evento científico por no poder pagarse tal odisea. En cuanto a la Olimpiada de Química, quien ha querido ir a la fase nacional se lo ha pagado de su bolsillo, alojamiento incluido.

Jon Asier Bárcena

Es una lástima que estas competiciones -que tanto aportan al futuro de nuestro país- estén en la UCI. Para empezar, son el mejor escaparate para detectar a gente inteligente y trabajadora. Mal gobernante es aquel que no garantiza un seguimiento de estos jóvenes. Detrás de cada ganador de las Olimpiadas suele haber muchas horas de trabajo que, unidas al contacto prematuro con el mundo universitario, suponen el mejor entrenamiento de cara a los estudios superiores. El premio económico era un gesto de reconocimiento a los galardonados, porque el dinero, en este caso, añade un aura de seriedad.

Estamos en crisis, es cierto, pero esto no justifica que nos comamos las semillas con las que debemos sembrar la cosecha del mañana.

Redacción

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