Crítica de ‘Ego’: María Pedraza sorprende con un oscuro thriller sobre el coronavirus y la salud mental

Ego

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La crisis del coronavirus ha dejado un sinfín de noticias terribles. Muchas están relacionadas directamente con el virus, pero otras tienen que ver con las consecuencias que este ha provocado en nuestras vidas. La salud mental, especialmente en los jóvenes, ha sido uno de los aspectos donde mayor impacto ha tenido la pandemia. Y en Ego, el cineasta Alfonso Cortés-Cavanillas ha querido reflejarlo con la mayor crudeza posible. La película está protagonizada por María Pedraza (Élite, La Casa de Papel, Amar) y se estrena en cines el próximo 1 de diciembre.

Ego nos introduce en la vida de Paloma, una joven de 19 años que el 13 de marzo de 2020 quedará, como toda España, confinada junto a su madre en un piso de Madrid. Para echar el rato, Paloma utiliza una app de citas con la que conocer a otras chicas. En un momento dado, encontrará un perfil idéntico a ella. Suponiendo que se trata de una suplantación de identidad, tratará de desenmascarar el fraude. Sin embargo, este descubrimiento se irá tornando cada vez más oscuro y peligroso.

 

El relato de Ego es, ante todo, asfixiante. Prácticamente toda la cinta discurre en el piso de Paloma y su madre y, gracias a esto, el director logra generar una sensación de agobio y encierro constantes. Cortés-Cavanillas hace un gran uso de planos cerrados e incómodos para confinarnos con la protagonista y sus miedos. Es cierto, pese a todo, que el guion es demasiado expositivo y artificial, y en demasiadas ocasiones recurre a diálogos o situaciones obvias para guiar la historia con cierta falta de sutileza. Aun así, mantiene su solidez con detalles interesantes como la introducción de personajes secundarios que rompen con la realidad construida y consiguen desorientarnos junto a Paloma.

María Pedraza es sin lugar a dudas lo más destacable de Ego. Eje central sobre el que se mueve la película, la actriz carga con todo el peso de la cinta, se vacía emocionalmente y firma su mejor trabajo hasta la fecha. Un papel doble donde equilibra a la perfección la inquietud y sensibilidad de Paloma con la histriónica personalidad de Olga, su doppelgänger. Es un papel complejo y lleno de desdobles, porque nunca es fácil meterse en la piel de una persona que se está resquebrajando por dentro. Pedraza, sin embargo, consigue llevarlo con gran soltura y delicadeza, dando un salto cualitativo importante en su carrera.

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Como película, Ego no propone nada especialmente novedoso, aunque sí cumple eficazmente con sus objetivos. La historia la hemos visto ya en infinidad de ocasiones y aquí no se plantea algo revolucionario ni mucho menos, sino más bien asentado en lo que ya funciona. Pese a todo, consigue sostenerse por sí misma. Construye una historia que desde el principio principio se toma su tiempo para presentar las cartas de la baraja con mucho cuidado. Todo está muy bien medido, sobre todo en los dos primeros actos. Es cierto que el tramo final es algo más precipitado y se deja llevar por un efectismo que por momentos resulta antinarrativo. Aun así, como conjunto el filme funciona.

Y si lo hace es, además de por la labor de Pedraza y por la incomodidad visual que se nos plantea, por una buena construcción de la tensión. Ego respira una atmósfera muy densa que lleva inmediatamente al thriller psicológico para terminar convirtiéndose en puro cine de terror. Todo se enturbia con el paso de los minutos, giro tras giro, a medida que la cabeza de Paloma se va perdiendo en sí misma y sus fantasmas. El contexto de la COVID-19 es el ideal y además -salvo por algunas mascarillas que vienen y van- respeta bastante bien la realidad del momento (guantes para ir a comprar, cambios en los protocolos de Correos…). Todo ayuda a la hora de generar ese ambiente crudo y fatalista.

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Por tanto, Ego es una película que, sin necesidad de ser revolucionaria, sí se muestra bastante sólida. Las secuencias o diálogos menos acertados son compensados por la labor interpretativa de Pedraza, que tira de garra con un personaje laberíntico y lleno de reflejos. La ambientación durante la pandemia es idónea para construir la sensación de ahogo y desamparo que vive Paloma. En resumen, Ego es un thriller psicológico disfrutable que cumple con sus pretensiones y que, además, ahonda acertadamente en un tema tan importante como la salud mental.

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