Crítica de ‘Muerte en el Nilo’: Agatha Christie regresa al cine con un misterio muy seductor

Muerte en el Nilo

Agatha Christie, quizá la mejor escritora de la historia en lo referido al género policiaco y criminal, no ha sido ajena a las adaptaciones del séptimo arte. A lo largo del siglo XX pudieron verse muchas de sus obras en la gran pantalla: Testigo de Cargo, Diez Negritos, El Tren de las 4:50, El Espejo Roto… Y, por supuesto, dos de sus novelas más reconocidas y reconocibles, Asesinato en el Orient Express y Muerte en el Nilo. Ya en la actualidad, el cineasta británico Kenneth Branagh devolvió al Orient Express a las salas en 2017 en una adaptación que, sin ser ni mucho menos fallida, se quedaba lejos de la de Sidney Lumet del 74. Sin embargo, el director tuvo luz verde para volver a aproximarse a la escritora con la reinvención de la propia Muerte en el Nilo. La cinta se estrenará en España el 18 de febrero.

La historia de la película sigue, como es habitual, al detective Hercules Poirot en un viaje a Egipto. Allí se reencontrará con un viejo amigo y, además, conocerá a Linnet, una joven heredera recién casada con el atractivo Simon Doyle. Su feliz unión, sin embargo, despertará los celos y las envidias de numerosos conocidos que pasan con ellos, y con Poirot, sus vacaciones en una lujosa embarcación que navega sobre el Nilo. Como no podía ser de otra forma, y como anticipa el propio título de Muerte en el Nilo, la desgracia llegará al barco y el astuto detective deberá resolver el inesperado misterio.

Muerte en el Nilo

Para la película, Branagh ha vuelto a rodearse de un elenco de lujo, que ya fue uno de sus grandes puntos positivos en Asesinato en el Orient Express. En Muerte en el Nilo podemos ver al propio director repitiendo como Hercules Poirot, a Gal Gadot como Linnet, a los polémicos Armie Hammer y Letitia Wright, a Emma Mackey, Rose Leslie, Russell Brand, Annette Bening… En resumen, un reparto de primerísimo nivel con el que dotar a la historia del carisma de cada uno de sus actores. Y lo cierto es que lo logra, gracias en parte a que todos están completamente entregados a la causa. Quien debe inspirar fascinación lo consigue, quien debe levantar sospechas se rodea un halo de misterio, y quien debe dar la nota cómica encaja a la perfección sus chistes y momentos de humor. Así, pese al baile de personajes que transitan a babor y estribor, es fácil reconocerlos a todos rápidamente sin confusión.

En este aspecto, el filme funciona mucho mejor que la entrega anterior de Branagh, donde el caos a veces se apoderaba del espectador. La mejor muestra de lo bien medidos que están los tempos de cada personaje se encuentra en el de Armie Hammer. Pese a ser uno de los principales protagonistas de Muerte en el Nilo, la polémica por las acusaciones de violación y tendencias caníbales han afectado a su papel. Simon desaparece en todos los momentos en los que el guion no le requiere en escena. Sin embargo, esto es inapreciable salvo que se analice por separado, porque la película funciona a la perfección como conjunto. Algo similar le ha ocurrido a Letitia Wright, aunque su personaje es mucho más secundario.

Muerte en el Nilo

En cualquier caso, el gran acierto de Muerte en el Nilo, donde realmente se ve una gran evolución con respecto al Orient Express, es en el ritmo de la propia película. Aquella era muy densa e irregular, dejando como resultado que secuencias fabulosas compartieran espacio con otras lentas y fútiles. Esta ha metido un cambio significativo a los mecanismos internos de su guion y el resultado es mucho más ágil y dinámico. Si bien es cierto que el inicio es lento y se toma todo el tiempo del mundo en presentarnos la historia y a sus protagonistas, la cinta mantiene un ritmo in-crescendo constante sin llegar a ser nunca atropellada. Tiene pegas, por supuesto, hay escenas demasiado expositivas y evidentes con respecto a lo que puede ocurrir más adelante. Pero en general el barco se mantiene a flote sin problemas.

Con todo ello, si hay que definir a Muerte en el Nilo de alguna forma, la palabra idónea es «seductor». Un misterio rodeado de lujos y excesos, un reparto de intérpretes atractivos a los que se les explota su belleza con vestuarios y actitudes muy sensuales y atrayentes, Egipto como entorno exótico y fascinante, una fabulosa construcción de la historia en un espacio reducido como es el barco, una ambientación musical que casa bien con el tono de la cinta… Cada pieza está dispuesta para cautivar al espectador en su butaca desde el primer minuto y hasta el esperado desenlace. Incluso el aparataje visual, con una saturación y unos retoques de CGI tremendamente artificiales y fallidos, consiguen generar cierta sensación teatral que extrañamente funciona unida al resto.

Muerte en el Nilo

Podría decirse que Kenneth Branagh ha justificado su nueva intentona en los mundos de Agatha Christie. Sin ser particularmente novedosa ni original, Muerte en el Nilo sí que es un whodunit más que correcto que, si se tiene en cuenta la entrega de 2017, supera las expectativas. El estudio y el director han logrado corregir el rumbo y merecer, ojalá, una nuevo regreso de Hercules Poirot en un futuro cercano. Está muy lejos de ser una obra maestra memorable, pero si lo que buscáis es una película de misterio entretenida con la que pasar la tarde en el cine, Muerte en el Nilo es una gran opción para navegar sobre sus aguas y dejarse seducir por sus encantos.

 

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