Jon Echanove, autor de ‘El ángulo de la felicidad’ y ‘Los planes de Dios’: «La felicidad es posible»

Jon Echanove
Jon Echanove

Jon Echanove nació y se crió en Madrid, en una época en la que la comunidad y el colectivismo era lo normal. Vio cambiar a España a una velocidad de vértigo, para después descubrir Europa, viajar por medio mundo y vivir en distintos países. En lo profesional, es economista, psicoterapeuta y formador. Y, por supuesto, escritor. El ángulo de la felicidad y Los planes de Dios son sus dos novelas publicadas.

P. ¿Cuándo comenzaste a escribir y por qué?

R. Mis primeras historias, la mayoría acompañadas de dibujos, las escribí cuando tenía seis o siete años y con una de ellas gané un concurso en mi colegio. Supongo que me haría muy feliz, pero de eso no tengo ningún recuerdo, solo la imagen de que ocurrió. Escribir con intención, con el deseo de seducir a un lector, empezó cuando yo tenía trece o catorce años.

Tengo la impresión de que la razón para escribir fue encontrar un lugar donde expresar un mundo interior que no tenía un sitio en mi vida cotidiana: un dolor, una angustia, una fantasía, que no me era fácil compartir de otro modo.

Escribir, ha sido y sigue siendo, una estrategia para vivir las decisiones que no tuve el valor de tomar, de descubrir caminos vitales que no estuvieron a mi alcance o de imaginar una felicidad y un dolor que no me correspondieron, pero que pudieron haberlo hecho.

P. ¿Por qué decidiste no solo escribir sino también publicar?

R. Posiblemente porque nadie en mi entorno de infancia tenía ninguna relación con el mundo editorial, que yo escribiera siempre fue algo paralelo a lo que se esperaba de mí, una fantasía, nada mucho más allá que un divertimento. Desde luego no un futuro. Conseguir publicar es dar satisfacción a ese niño o a ese joven que no se atrevió, ni supieron apoyar, a ser escritor.

Por otro lado, pocas cosas son tan entretenidas para mí como leer. Yo soy, creo, más un contador de historias que un artista del lenguaje. Me encantaría saber que soy capaz de entretener a lectores a través de mis historias.

Y finalmente, vanidad. Tener cierto reconocimiento del mundo editorial y del público complace una parte de mi ego y, aunque siempre breve y superficial, lo disfruto, igual que una cerveza fresca en un día de calor.

El ángulo de la felicidad
El ángulo de la felicidad

P. ¿En qué se diferencian El ángulo de la felicidad y Los planes de Dios?

R. El ángulo de la felicidad es una novela más intimista, muy centrada en la vivencia de un personaje, donde se trata de reflejar como las experiencias en un mundo ajeno pueden evocar diferentes recuerdos, o diferentes respuestas emocionales, que, con suerte, pueden hacernos ver nuestro pasado de un modo más generoso.

Los planes de Dios es una novela con más diversidad de personajes, con más voces, donde se explora como se define y queda delimitado el éxito en función del entorno en que nacemos. Es una novela más oscura, pero en la que, al igual que en El ángulo de la felicidad, trato de que los personajes estén muy definidos psicológica y emocionalmente.

P. ¿Qué dicen los lectores acerca de tus novelas?

R. Creo que, entre el público que ha disfrutado más de leer mis novelas, un aspecto que sin duda destaca es lo reales que resultan los personajes. Me gusta mucho, hasta la obsesión, asegurar que lo que hacen, dicen o sienten sean congruentes con su propia historia y sobre todo congruente con el impacto que los otros personajes y la trama puedan tener en ellos.

El otro elemento que me gusta destacar de la opinión de los lectores es que muchos describen la lectura de mis novelas como ágil, adictiva o atrapante. Me encanta que lo vivan así. Como decía antes, uno de mis mayores deseos es entretener y, al menos para mí, quedarte atrapado en una historia es uno de mis modos de medir el placer de leer. Por otro lado, mis novelas hablan de temas profundos y yo me había marcado como objetivo combinar esa profundidad con
el ritmo y la agilidad de una novela de aventuras.

Los planes de Dios
Los planes de Dios

P. ¿Crees que se puede cambiar el mundo a través de la literatura?

R. Se puede hacer feliz a mucha gente. Se puede hacer soñar y se puede acercar mundos lejanos, vidas distintas. No sé si eso es suficiente para cambiar el mundo. Creo que es difícil. Y, sin embargo, leer a Annie Ernaux, por ejemplo, puede ayudar a muchos hombres a descubrir la experiencia femenina, desde la discriminación, la imposición de roles, la sexualidad…

Despertar la curiosidad de alguien o dar placer a través de una historia, por qué no de una novela mía, es un auténtico tesoro y un objetivo precioso.

P. Tengo la sensación de que El ángulo de la felicidad nos manda un mensaje más esperanzador y que Los planes de Dios, sin embargo, nos dice algo así como que todos, si se dan las circunstancias, podemos caer en aquellas cosas que creíamos que no… ¿Qué opinas?

R. Es verdad, El ángulo de la felicidad habla del cambio, de la capacidad de perdonar, de descubrir aspectos de nosotros mismos que teníamos olvidados. Desde ese plano, hay un elemento muy positivo: la felicidad es posible. En Los planes de Dios también la felicidad es posible, pero no trata de acercarse a ella a través de la introspección, sino que asume que tener éxito y sobrevivir
está estrechamente ligado la fortuna o infortunio de haber nacido en un entorno o en otro. La suerte existe, la buena y la mala, y define en gran medida lo que imaginamos como un futuro alcanzable. Pero, como también sugieres, solemos ser ciegos a lo que no somos, o a aquello desconocido, y al relacionarnos con mundos distantes, tanto de valores, creencias o comportamientos, podemos tomar decisiones y actitudes que no hubieran tenido espacio en nuestro propio mundo.

P. Has viajado por muchos países, Jon. ¿Qué opinas de la literatura en España? ¿O de la literatura a nivel mundial? ¿Tienes alguna opinión al respecto?

R. No tengo una opinión formada respecto a la calidad de la literatura por país o lengua. Mi impresión es que hay autoras y autores fantásticos en castellano, igual que los hay en inglés, en francés, en chino, en turco, etc… Creo, de todos modos, que grandes procesos de cambio social suelen dar lugar a grandes novelas, en las que autores con una sensibilidad especial son capaces de capturar y representar las contradicciones y contrastes que se suelen vivir. Autores como
Coetzee o Gordimer describiendo el final del apartheid, Zola con la emigración de la población rural a las ciudades, Ma Jian con la apertura de China en los 80, Pamuk con la caída del imperio Otomano y el conflicto entre los valores occidentales y orientales…

A nivel mundial, creo que es muy notable que el mundo anglosajón traduce mucho más que cualquier otro. Poder leer en inglés abre la ventana a muchos autores o novelas, o libros de ciencia o historia, que tardarán más en llegar al mercado español, o que no llegarán.

P. Dado que lo cotidiano es un punto importante en tu escritura, ¿cómo es tu día a día?

R. Mi vida, como cualquier padre de dos hijos pequeños, se organiza alrededor de sus necesidades. Despertarse, preparar su comida, llevarlos al colegio, recogerlos y darles la merienda, jugar con ellos, preparar la cena, ducha, leerles cuentos, dormir…

Yo busco mis huecos dentro de esa rutina: madrugar para intentar sacar una hora de lectura o escribir, avanzar con el trabajo en cuanto los dejo en el colegio y dedicarle otra hora a mi novela, leer algo cuando se duermen antes de caer rendido. Arañar seis horas el fin de semana para escribir entre una visita a un museo, un paseo en bici o una cena con amigos.

Y lo mismo que a los personajes de mis novelas, en medio de esa aparente vulgaridad, doy un curso en Estocolmo o viajo a El Cairo para una reunión, discuto con autoridades de Bangladés o Filipinas el plan de trabajo para el próximo año, descubro a Annie Ernaux, y me deja fascinado, o mi hijo me despierta para decirme que me quiere, y esas palabras valen para hacer que mi
vida entera sea mágica, única e irrepetible.

Jon
Jon

P. ¿Qué buscas en una editorial a la hora de publicar tus libros?

R. Conozco poco del mundo literario, pero desde fuera, da la impresión de que los libros, sobre todo la ficción, se parecen más y más a bienes de consumo masivo, con una vida corta, efímera en los escaparates o estantes de las tiendas. El abrumador volumen de libros que se publican hace increíblemente difícil para un autor novel, sin contactos o referencias en el mundo editorial, ser visto (y aún más, ser leído).

Tengo el convencimiento de que solo a través del respaldo de una editorial, que esté dispuesta a invertir en promoción seriamente, una novela alcanzará un número crítico de lectores que serán los que, a través de su experiencia, definan el mercado al que está destinado.

Yo busco que alguien crea en mi forma de entender la escritura y en mis novelas, y que quiera invertir esfuerzo y energía en alcanzar el mayor número de personas posibles.

P. ¿Por qué te gustaría que tus libros llegasen a muchas personas?

R. Supongo que por vanidad. Evidentemente, lo que yo cuento en mis novelas es muy relevante para mí, de otro modo no lo hubiera contado. Pero sería ridículo pensar que ese mensaje, esos temas son igual de relevantes para un mundo anónimo al que no tengo acceso.

Pero también hay una parte de exigencia, de ser capaz de construir un nicho de mercado, un perfil de lectores anónimos que disfruta con lo que yo hago y tratar de sorprenderlos y complacerlos con cada nueva novela.

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