Crítica de ‘Última Noche en el Soho’: El Edgar Wright más perturbador firma una de las mejores películas del año

Última Noche en el Soho

Última Noche en el Soho

Quien no conozca la filmografía de Edgar Wright debería sumergirse de lleno en ella cuanto antes. El británico es uno de los directores más idiosincráticos de la actualidad, destilando un estilo gamberro y lleno de dinamismo que ha dejado joyas como la Trilogía del Cornetto, Scott Pilgrim contra el mundo o Baby Driver. Este mes de noviembre estrena nada menos que dos películas, el documental The Sparks Brothers y el thriller Última Noche en el Soho. Esta última está protagonizada por Thomasin McKenzie y Anya Taylor-Joy, dos de las actrices de moda de Hollywood. La película llegará a los cines en España el próximo 19 de noviembre y os garantizo que debéis ir sacando ya las entradas para ir a verla.

Última Noche en el Soho es la historia de Eloise, «Ellie», una joven rural apasionada por la moda que viajará a Londres para estudiar diseño. Enamorada de la vida vintage de los años 60, es incapaz de adaptarse al frenético estilo londinense del s.XXI. Sin embargo, una noche viajará de golpe hasta esa época dorada para ella. Y para mayor misterio, lo hace en la piel de otra joven, Sandy, una chica muy decidida que busca labrarse una carrera como cantante en los pubs de moda del momento. Aunque en un principio todo parece ir a las mil maravillas, la historia de Sandy comenzará a ensuciarse y volverse más y más oscura, provocando el terror y la locura de una Ellie absolutamente desconcertada.

Última Noche en el Soho

La trama de Última Noche en el Soho es, en esencia, Edgar Wright desatado, alcanzando su madurez como cineasta. Al director siempre le ha gustado mucho meter giros inesperados en sus historias. Y en esta película conduce a Ellie -y al espectador- por un indescifrable laberinto de reflejos donde la realidad y la fantasía de la protagonista se fusionan sin remedio, embriagando a la cinta de un hipnótico efecto de demencia. Todo es real y a su vez nada es lo que parece. Wright consigue crear un mecanismo de espejos formidable en el que caben desde el drama coming-of-age hasta el thriller noir, pasando por el giallo italiano e incluso los zombies. Un baile de géneros en pos de una narrativa que habla de infinidad de temas, dando siempre con la tecla correcta y sin dejarse llevar por excesos inapropiados: clasismo, paso a la edad adulta, inadaptación y huida de la ciudad, machismo estructural, retrospección idílica, salud mental…

No hay nada banal en sus reflexiones, si acaso sencillamente superficial. Porque todo está dispuesto para funcionar siguiendo los dinamismos imparables de un director capaz de arrasar con todo para llegar hasta donde quiere. Wright no permite que la historia se embarre, mostrando siempre la cara más oscura y fascinante de su relato. Así, Última Noche en el Soho no pierde ritmo en prácticamente ninguna instancia y, cuando parece que la fórmula se está agotando, sorprende con un nuevo vértice oculto que lo retuerce aún más. El tempo acelerado, marca de la casa, está presente en todo momento, dejando únicamente el espacio estrictamente necesario a la meditación más pausada.

Última Noche en el Soho

A nivel narrativo Última Noche en el Soho es majestuosa, sí, pero también lo es a nivel formal. Espectáculo y psicodelia se unen en un juego de luces tan artificioso como formidable. Es la película más redonda y visceral de Wright, que se ha vaciado en una turbulenta demostración de estilo de lo más entretenida. Un exquisito manjar para sus acérrimos y, en general, para cualquier fan del thriller psicológico. Los artificios por los que hace transitar a cada escena y a sus atormentados personajes demuestran que el cineasta, ante todo, ha pasado un muy buen rato dirigiendo este fantasmagórico filme.

Al macabro divertimento que es Última Noche en el Soho se unen Thomasin McKenzie y Anya Taylor-Joy, dos actrices que en sus respectivos papeles de doppelgänger han encontrado un patio de recreo donde dar rienda suelta a su potencial. McKenzie es la perfecta niña buena, tímida, con una salud mental delicada pero de gran talento y con ganas de demostrarse a sí misma lo que vale. Devora la pantalla con sus inseguridades y sus complejos para que nos hundamos con ella en lo más profundo de su locura. Taylor-Joy, por su parte, representa con una gracilidad pasmosa a ese prototipo de mujer elegante y obnubilante que parece levitar por encima del resto y que siempre tiene en la boca la frase exacta para el momento preciso. Un contraste que poco a poco se va difuminando a medida que los límites de una y otra se funden mientras la tensión se incrementa.

Última Noche en el Soho

En resumidas cuentas, Última Noche en el Soho es un irresistible divertimento enmarcado en el terror psicológico para, a partir de ahí, balancearse sin pudor por las fronteras de numerosos géneros cinematográficos. El resultado es un conglomerado catártico de sensaciones psicodélicas donde misterio y fantasía se fusionan para ofrecer un entretenimiento de primer nivel que dejará saciados a los espectadores que acepten embarcarse sin reticencias en el viaje que Wright les propone. Sin lugar a dudas, una de las mejores y más completas películas del año. No se la pierdan.

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